Pedro Peñaloza

La encrucijada de Mancera

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Segunda y última parte

Pedro Peñaloza

 

“La verdad es lo que es, y sigue siendo verdad

 aunque se piense al revés.

Antonio Machado

 
1. ¿Una ciudad de libertades con escaso presupuesto social? Ya demostramos en la entrega anterior, que el Gobierno del Distrito Federal, ejerce el poder con un discurso incluyente y lo materializa con una orientación económica derechista. A la fecha, ningún escribano o funcionario ha desmentido lo anterior.

Quizá porque es indefendible A lo anterior, habría que agregar, que el gobierno capitalino utiliza como «paraguas» legitimador, los recursos federales que recibe a través de distintos rubros.

Es decir, el grupo gobernante local es incapaz de diseñar un presupuesto con contenido social, pero eso sí, aprovecha el dinero de la federación para encubrir su concepción conservadora.

Sólo en 2013 la Ciudad de México recibió 3 mil 800 millones de pesos, lo que significó un incremento de 34 por ciento, más con relación a lo que recibió en 2012 que fue de 2 mil 758 millones de pesos.

Así, los cuatro proyectos nuevos a los que se les dio inversión con dicho incremento fueron Recuperación de Espacios Públicos y Centro Histórico, 150 millones de pesos; Clínica de Iztapalapa para pacientes con VIH, 80 millones; Salud, 124.7 millones; y al mantenimiento de Escuelas, 100 millones.

En contraste, ¡otra vez! la vena policiaca y represiva del Gobierno del DF es inocultable; una prueba patética es el monto de recursos federales que se destinan a la «adquisición, operación y mantenimiento de cámaras de seguridad». La visión postpanóptica de Mancera (heredada de Ebrard), se mide por pesos y centavos, ya que a este rubro se le asignaron ¡320 millones de pesos!

2. Cárcel, criminalización y exclusión social: ¡una trilogía de la izquierda! De igual manera, el gobierno del DF se guía con una ambivalencia notable.

El encierro es una fotografía de lo anterior. La sobrepoblación en los diez reclusorios ubicados en la ciudad, es de 85 por ciento (41 mil presos), 70 por ciento, de los internos, están en la cárcel por cometer robo simple sin violencia, de los cuales, 6 mil fueron encarcelados por hurtar objetos de menos de mil pesos, 12 mil por robar cosas menores a 6 mil pesos.

Algún dogmático dirá que «el que la hace, la paga», la lógica es impecablemente estúpida, no importa el origen multifactorial del comportamiento del individuo, sólo basta el garrote penal.

Y así hasta el infinito. El origen de esta obsesión por el castigo no es nuevo, data del 15 de mayo de 2003, cuando el inefable Marcelo Ebrard era jefe de la Policía y presentó una moción donde se derogo la primera fracción del artículo 220 del Código Penal a fin de que todos los robos sean sancionados igual, con independencia del valor de lo robado.

Dispositivo que sigue vigente y que hasta a la fecha el Jefe de Gobierno no ha colocado su derogación como prioridad y los pobres asambleístas pelotean su discusión.

¿Es esto un comportamiento de izquierda o siquiera garantista?

Por otro lado, Mancera se ha empeñado en decir que en el Distrito Federal no opera la delincuencia organizada, sin embargo desde 2011 es donde se ha registrado al mayor número de procesados por robos, delitos sexuales, explotación sexual y secuestros (INEGI); además, la ciudad se colocó entre las cinco entidades con más incidencia del delito de narcóticos y otros delitos contra la salud, como lo muestra el hecho de que 52.7 por ciento, de los procesados fueron por tales ilícitos (Ibídem)

En síntesis: el DF es una ciudad gobernada sin una arquitectura institucional diseñada para las políticas multidisciplinarias y trasversales, sin vectores sociales que prioricen la lucha contra la desigualdad social y la exclusión.

Sí, una pregunta pertinente, más allá de la maleza del discurso efectista, ¿qué es lo sustancialmente distinto con los gobiernos priístas y panistas? pedropenaloza@yahoo.com

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