LA “IMPOSICIÓN” DEL RECTOR: ¿ILEGALIDAD O DÉFICIT DE TRANSPARENCIA?
El Regional Coatepec 19 de agosto de 2025
LA “IMPOSICIÓN” DEL RECTOR: ¿ILEGALIDAD O DÉFICIT DE TRANSPARENCIA?
En las últimas
fechas se habla de una “imposición” en la rectoría de la Universidad
Veracruzana. Palabra fuerte. Carga pólvora. Y exige pruebas. Analicemos con
bisturí, no con megáfono.
Primero, el marco.
En las universidades públicas, la ley y los estatutos trazan el camino:
convocatoria, requisitos, auscultación a la comunidad, deliberación de la
autoridad colegiada y designación. La figura suele ser una Junta de Gobierno
independiente no manipulable o un órgano equivalente.
No es un concurso de
popularidad, pero sí un proceso que debe ser transparente, documentado y
verificable. Si la “imposición” fuera ilegal, tendría que romper una de esas
bisagras: convocatoria viciada, elegibilidad forzada, deliberación manipulada,
o incluso intervención externa indebida.
Segundo, las señales
de alerta. Son seis, y conviene checarlas una por una:
Calendarios exprés
que impiden la participación real.
Cambios de última
hora en requisitos o criterios.
Falta de publicación
de actas, votos razonados y criterios de evaluación.
Exclusión opaca de
aspirantes que sí cumplían.
Uso de recursos
públicos para promocionar a una candidatura.
Presiones de
autoridades externas a la universidad.
Si hay una, ya
preocupa. Si hay varias, suena a imposición.
Tercero, las pruebas
útiles. Un señalamiento sólido no nace de un hilo en redes, sino de documentos.
¿Dónde están la convocatoria para los candidatos aspirantes original, los
anexos, el cronograma, las listas de aspirantes, los dictámenes, las actas firmadas,
los votos razonados, los registros de auscultación, las minutas? ¿Se respetaron
quórums, plazos y procedimientos? ¿Hubo testigos, videos, versiones
estenográficas? Eso pesa en un amparo. Eso derrumba o sostiene un rectorado.
Cuarto, el
contrapeso. La universidad puede alegar cumplimiento: convocatoria pública,
audiencias con sectores, evaluación colegiada, designación por mayoría. Puede
decir: autonomía, no plebiscito. Y tendría razón en un punto: la deliberación
no siempre es abierta, pero sí debe ser verificable. La opacidad legalizada es
un atajo a la desconfianza. La autonomía no es carta blanca; es responsabilidad
con luz.
Quinto, las vías. Si
alguien afirma “imposición ilegal”, el camino no es el rumor sino el
expediente:
Solicitudes de
información con base en la ley de transparencia.
Recursos ante
órganos garantes si ocultan documentos.
Quejas ante órganos
internos de control universitario.
Juicios de amparo si
hubo violaciones claras a derechos o normas.
Auditorías externas
a los procesos de designación, cuando proceda.
Sexto, el ruido y la
señal. En política universitaria abunda la rivalidad. Unos confunden derrota
con fraude; otros creen que ganar legitima todo. Ni uno ni otro. El estándar es
simple: reglas claras, piso parejo, papeles a la vista.
Un guion práctico
para exigirle a la Junta de Gobierno:
Muéstreme la
convocatoria, completa, con fecha y firma.
Liste a todos los
aspirantes. ¿Quién quedó fuera y por qué?
Comparta los
criterios de evaluación. ¿Pesó más la docencia, la investigación, la gestión?
Publique las actas,
los votos razonados y el quórum.
Explique cualquier
cambio al procedimiento, con fundamento.
Si eso aparece, se
despejan nubes. Si no, el término “imposición” deja de ser consigna y se vuelve
hipótesis plausible. Y si además hay ilegalidad documentada, entonces no es un
editorial: es un caso.
La universidad se
defiende con ideas. Su legitimidad, con procedimientos impecables. Abrir los
papeles no debilita a nadie. Por el contrario: vacuna contra la sospecha y
fortalece la autonomía que todos dicen cuidar.