Especial

LA MANDA

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                Salió a las cinco de la mañana cargando a su hijo ya de 8 años de edad. Se dirigía a pagar “LA MANDA” a la tumba del  excelentísimo Monseñor Rafael Guízar y Valencia.
                LA MANDA la realiza una persona con fe, alguien que tiene una relación con DIOS, y para aquella señora  la NECESIDAD era tan grande, que la FE TUVO QUE SER TAMBIEN GRANDE; no era para menos, el chamaco que llevaba a cuestas no podía caminar, debido a una fuerte caída que sufrió en un desgraciado accidente.
                La ABNEGACIÓN DE MADRE fue el motivo de ofrecer ese sacrificio y sin ningún miramiento trepó a la criatura en su espalda y así lo mantuvo durante casi cinco horas recorriendo una distancia de más de treinta kilómetros, hasta llegar desfallecida. Con el retoño en su regazo, oró e imploró a Monseñor que le devolviera LA SALUD para que ese niño volviera a caminar.
                -¿Crees porque me has visto? ¡Dichosos los que creen sin haber visto! (Juan 20,29).
                Aquella señora creyó sin haber visto. Pasado un tiempo, Rafael Guízar y Valencia le hizo el milagro, El niño volvió a caminar, el niño volvió a correr, LA FE fue el factor de protección y el respaldo frente al conflicto de la vida personal de Doña Beda, cuya reacción fue de una manera MÁS POSITIVA frente a la tragedia de la vida.
                Rafael Guízar y Valencia, San Rafael Guízar y Valencia, un seis de junio se ordenó sacerdote; un seis de junio murió en la ciudad de México; un seis de junio al ser exhumado, su cuerpo apareció incorrupto.
                Amigos, nos leeremos hasta el próximo lunes; les comparto una disertación de la madre Teresa de Calcuta, “El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor. El fruto del amor es el servicio. El fruto del servicio es la paz.
                Ánimo ingao…!!!
                Con el respeto de siempre Julio Contreras Díaz
                Goyo, hoy no hay música… vamos a guardar silencio y elevar una plegaria a doña Beda.

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