LA MÚSICA, MEDICINA PARA EL CEREBRO

WhatsApp Image 2026-05-18 at 9.15.31 AM
Comparte

Agencia Reforma

Ciudad De México. 18 mayo 2026.- ¿Aprender música o pintura desde cero podría tener algún beneficio en la salud cerebral y la neuroplasticidad en adultos?

 Al envejecer, el cuerpo calloso empieza a deteriorarse. Esta estructura de materia blanca, ubicada en el centro del cerebro, es la responsable de la comunicación entre los dos hemisferios.

 Varios estudios comparativos han documentado que el cuerpo calloso anterior es más grande en músicos que en personas sin experiencia musical.

 Eso hizo suponer a un equipo del Instituto de Fisiología Celular de la UNAM que si un adulto aprendía un instrumento de forma intensiva se verían cambios en esa estructura del cerebro.

 Con el proyecto Afinado, un primer grupo de adultos mayores de 45 años, sin preparación musical previa, comenzó a estudiar guitarra clásica.

 Después de seis meses, su cerebro mostró un aumento de 15 por ciento en la difusividad del cuerpo calloso anterior, según imágenes de resonancia magnética.

 La difusividad, en términos simples, es un indicador indirecto de la salud de los axones -las prolongaciones de las neuronas que actúan como cables-, de qué tan bien mielinizados están y de qué tan eficientemente transmiten señales.

 Cuando ese indicador mejora, quiere decir que el cerebro se comunica mejor entre hemisferios.

 Los datos son preliminares, con un tercio de la muestra final, pero alentadores.

 “A nosotros también nos sorprendió mucho”, dice en entrevista la neurocientífica y clarinetista Vani Rajendran, quien dirige el proyecto desde enero de 2025, con el cual colabora el Instituto de Neurobiología del Campus Juriquilla, en Querétaro.

 La hipótesis es que el aprendizaje artístico intensivo puede generar cambios positivos en el cerebro como un aumento en la eficiencia de la transmisión de señales neuronales y un refinamiento de las conexiones cerebrales, lo que podría contribuir a una mayor reserva cognitiva y un envejecimiento cerebral más lento.

 El proyecto obedece a una inquietud añeja de Rajendran con base en su propia experiencia con la música: ¿Qué le pasa al cerebro de un adulto que aprende un instrumento por primera vez?

 “Lo que me hizo pensar en esto fue mi propia experiencia dando clases de clarinete a adultos que estaban empezando”, responde en su laboratorio en Ciudad Universitaria.

 “Vi que sí aprenden, y que ese aprendizaje tiene beneficios más allá de tocar una melodía. Se ven cambios en el día a día”.

 La científica, nacida en Estados Unidos, toca el clarinete desde los 10 años.

 La música la ha ha acompañado desde sus estudios estudios de ingeniería biomédica en la Universidad de Rice, en Texas; el doctorado en neurociencias en Oxford, Inglaterra, hasta sus estancias posdoctorales en Hong Kong, París y Juriquilla, en el Instituto de Neurobiología, investigando la capacidad de percepción del ritmo musical de los macacos, cuyos resultados publicó en la revista Science en noviembre pasado.

 Un estudio realizado en Alemania, uno de los pocos enfocado en adultos mayores, confirmó su intuición.

 Mostró cambios plásticos en la difusividad del fórnix, una estructura cerebral ligada a la memoria en el grupo que aprendió piano clásico durante seis meses, en comparación con otro que solo escuchaba y aprendía historia de la música.

 De modo que la integración sensoriomotora era importante para generar esos cambios. Es decir, al involucrar simultáneamente el oído, las manos, los ojos y el cerebro, que coordina todo, se generan las condiciones para que el cerebro cambie.

 “Cuando leí ese estudio dije: ‘Ok, en seis meses, con práctica activa, sí se puede ver algo'”, refiere.

 El proyecto Afinado va en la tercera generación. Los participantes se dividen en tres grupos: uno aprende guitarra clásica, otro acuarela, y un tercero funge como control, sin recibir ningún curso.

 Cada participante pasa por la Unidad de Resonancia Magnética donde se toman imágenes estructurales, funcionales y de difusión del cerebro.

 Como parte del estudio, se les aplica una batería de pruebas cognitivas que miden atención, memoria, lenguaje y función ejecutiva. A los seis meses, todo se repite. Al año, una vez más.

 El grupo de acuarela también reporta cambios pero en una región diferente del cerebro: el giro fusiforme, una estructura asociada al procesamiento visual de alto nivel. Ahí se observó un decremento en el área cortical.

 La literatura científica, según Rajendran, sugiere que esa reducción refleja un refinamiento sináptico, una poda de conexiones que no sirven para que el procesamiento sea más eficiente.

 Los participantes del grupo de acuarela que empezaron sin poder dibujar una casa en tres dimensiones ahora trabajan con luces, sombras y composición.

 “No siempre un aumento significa mejor, y no siempre un decremento significa peor”, aclara la investigadora. “Depende del contexto, de la función de la región (del cerebro). Por eso tenemos los grupos de comparación”.

 A los seis meses, los participantes tienen presentaciones públicas: los de guitarra dan un concierto grupal y los de acuarela exponen sus obras. Algo que también interesa en el estudio.

 “(El aprendizaje) requiere paciencia, pero también tiene que tener alguna recompensa cuando sale algo bien¦ eso motiva”, señala.

 Los familiares de los participantes también le han compartido cambios positivos en su vida diaria.

 “He escuchado de nuestros alumnos que sus familias han notado que están olvidando menos cosas en la vida normal. Sus llaves, lo que sea”, comparte.

 Es sabido que la reserva cognitiva puede impactar en el envejecimiento cerebral, dependiendo del nivel de educación, el tipo de trabajo y otras actividades que mantienen a la persona activa.

 Rajendran sugiere que iniciar el aprendizaje musical en la edad adulta podría ayudar a elevar esta reserva cognitiva, lo que a su vez ayudaría a retrasar el proceso de envejecimiento cerebral.

 Aunque hay interés en replicar el estudio en la Ciudad de México, la logística es compleja porque se necesitan sedes, maestros y acceso a equipos de resonancia magnética.

 También hay planes de explorar otros instrumentos y otras disciplinas artísticas: la danza, la poesía, la escritura creativa…

 “Durante años pensé en echar a andar Afinado”, dice Rajendran, quien prevé completar el estudio a fines de este año o principios de 2027.

 “Y ahora se alinearon las estrellas aquí, en México, para hacerlo”.