cortador de café
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René Sánchez García

Ninguna manifestación o creación artística creada por el hombre merece algún tipo de crítica despectiva. El arte es una manifestación cultural que pone en juego no sólo una idea, sino la capacidad de manifestar un sentimiento íntimo de tipo individual, o una denuncia pública general de tipo social. Más que eso, quien observa la obra artística, jamás podrá conocer el cúmulo de sentimientos que motivaron al artista a desarrollar eso tan suyo que hizo florecer su inteligencia, su imaginación y su creatividad.

Para el caso del bello monumento “Cortadora de Café”, que las autoridades municipales colocaron el pasado jueves 29 de abril en el entronque de los caminos al Túnel del Amor y Briones, para rendir así un homenaje de reconocimiento a las mujeres, no sólo de nuestro municipio, sino también de otros lugares cercanos, que con sus hábiles manos siguen aún cortando el fruto del aromático, cada año en lo que se conoce como la cosecha del café. Monumento creado por el artista local Alberto Melchor Pérez, quien también merece un reconocimiento.

La historia de esta labor agrícola data de finales del siglo XVIII y sigue, aunque en menor escala, realizándose durante los meses de noviembre, diciembre, enero y febrero de cada año. Desde aquellas lejanas fechas donde predominaban las viejas haciendas, que después de la Revolución Mexicana se convirtieron en grandes fincas particulares. Quienes rescatan la historia del café, suelen mencionar que ello creó una fuerte economía para Coatepec y la región. Sólo que, los beneficiados fueron todos y cada uno de los viejos terratenientes, de los cuales hoy en día existen los bien conocidos nietos y bisnietos, donde sus fincas ahora son conjuntos residenciales.

Todas esas bellas casas antiguas de nuestro centro histórico, de piedra labrada, forradas con hermosos azulejos, con puertas en maderas finas, con patios y traspatios llenos de flores y orquídeas, esas enormes bodegas para guardar la cosecha, o los largos espacios para el secado del aromático, los grandes locales de compra del grano rojo, esos enormes beneficios para el lavado y secado, pero sobretodo esos permisos de exportación hacia el extranjero que se transformaban en muchos dólares, son el recuerdo de incalculables riquezas que existieron en esos tiempos inolvidables de bonanza. Historia gloriosa de los poderosos, de los ricos, de los siempre vencedores, que para muchos son todo un orgullo de clase.

Pero la historia se olvidó registrar el sufrimiento de miles de mujeres cortadoras de café, de los hombres campesinos que durante toda su vida cuidaron las fincas, de los niños y niñas que abandonaron sus lugares o su escuela para que junto con sus padres aquí lograran juntar sus centavitos a fin de alivianar su eterna pobreza, de los bajos precios por cortar ese rico grano, de los robos al pesar a diario sus kilogramos cortados, etc. Recuerdo de niño haber observado el hacinamiento antihigiénico en el momento de dormir de esos hombres y mujeres de los estados de Puebla, Hidalgo, Oaxaca y Chiapas en los cascos de las fincas y en algunas casas de los encargados de las fincas cafetaleras. Historia verdadera de los vencidos, de los pobres, de los de abajo, de los sin voz.

Que bien que se reconozca la labor de estos hombres y mujeres del campo de ese Coatepec de antaño, que con las manos y rostros partidas por el frío y el agua de la lluvia forjaron muchas riquezas. En cada belleza arquitectónica que hizo posible nombrarlo Pueblo Mágico Nacional, está un trozo de ese esfuerzo físico realizado, miles de sueños no logrados por que el poder del dinero así lo exigía, almas o espíritus en pena constante en dichas fincas porque más que una aventura laboral inolvidable fue la continuación de su constante desgracia por haber nacido pobres. Estas y otras historias son las que deben conocerse al saborear un rico y humeante café alrededor de nuestro parque. Este es sólo mi punto de vista u otra versión de las cosas del pasado.

sagare32@outlook.com