LA RENUNCIA QUE INCOMODA AL PODER
El Regional Coatepec 19 de junio de 2025
LA RENUNCIA QUE INCOMODA AL PODER
· Una
señal de alarma grave en la Universidad Veracruzana
· Debiera
funcionar como contrapeso académico y garante de la autonomía
· La
comunidad universitaria merece saber qué pasa en sus órganos de gobierno
Por Miguel Ángel
Cristiani G.
Renunciar no siempre
es huir. A veces, es el último acto de dignidad. Y cuando quien dimite es una
académica de sólida trayectoria, como la doctora Haydee Zizumbo Ramírez,
integrante de la Junta de Gobierno de la Universidad Veracruzana, el hecho
exige no el habitual silencio institucional, sino una explicación pública,
honesta y oportuna. Porque lo que está en juego no es una silla vacía, sino la
legitimidad de uno de los órganos clave en la vida universitaria.
No se trata de una
dimisión cualquiera. La doctora Zizumbo no es una figura decorativa. Su
renuncia, sorpresiva y sin mayores declaraciones, ocurre en un momento
especialmente sensible: la reciente solicitud de prórroga del mandato del
rector Martín Aguilar Sánchez, una decisión aceptada por esa misma Junta,
envuelta en opacidad y cuestionamientos, donde los equilibrios internos se
rompieron sin dar muchas cuentas.
En un entorno donde
el poder tiende a blindarse tras formalidades, su salida abrupta plantea una
pregunta inevitable: ¿qué motivó realmente su decisión? ¿Desacuerdos éticos,
presiones políticas, descomposición interna del órgano colegiado? No hay
respuestas oficiales, pero el silencio institucional también comunica. Y en
este caso, comunica mal.
Una Junta que decide
sin explicar.
La Junta de Gobierno
no es cualquier comité. Es el órgano que nombra y remueve al rector, y que
debiera funcionar como contrapeso académico y garante de la autonomía
universitaria. Por eso su conformación, funcionamiento y decisiones deben estar
regidas por principios de transparencia, legalidad y deliberación colegiada.
Nada de eso parece haber primado en los últimos procesos.
La solicitud de
prórroga al rector Aguilar, acordada sin un debate público, con un documento
escueto y sin exposición de motivos de fondo, generó reacciones encontradas
tanto dentro como fuera de la Universidad. ¿Qué tipo de gobernanza
universitaria se construye cuando las decisiones parecen tomadas en lo oscuro?
En ese contexto, la
renuncia de Zizumbo no puede leerse como un hecho aislado. Es un síntoma. Una
alerta roja. Y quizás, un intento último de preservar la coherencia personal
frente al extravío institucional.
Haydee Zizumbo no es
ajena al compromiso público. Es académica, investigadora, feminista, promotora
de los derechos humanos y defensora de causas colectivas. No pertenece a la
fauna burocrática que se acomoda a la comodidad del cargo. Por eso mismo, su
salida no debe pasar como un trámite administrativo más. En su renuncia hay un
mensaje que debe escucharse: algo está funcionando mal.
Pero más allá del
hecho, preocupa la reacción (o la falta de ella) por parte de la propia Junta
de Gobierno. Ninguna explicación, ningún posicionamiento, ninguna convocatoria
a revisar sus propios mecanismos. Una institución que no se mira críticamente
corre el riesgo de convertirse en una caricatura de sí misma.
Y lo mismo cabe
decir de la administración rectoral: un rector que solicita una prórroga otorgada
sin diálogo ni rendición de cuentas, corre el riesgo de gobernar desde una
legitimidad erosionada. Si se quiere preservar la autonomía universitaria, hay
que empezar por respetar la inteligencia de su comunidad.
La Universidad
Veracruzana ha sido históricamente un referente de pensamiento crítico, de
lucha democrática, de resistencia cultural. No puede ahora resignarse a ser un
coto cerrado donde las decisiones se tomen sin transparencia ni pluralidad.
La renuncia de
Zizumbo puede ser un parteaguas. O un síntoma que se ignora, como tantos otros,
hasta que sea demasiado tarde. Porque cuando se normaliza la opacidad, se abre
paso a la mediocridad; y cuando la crítica se exilia, sólo queda el aplauso
servil.
Por eso, esta
columna no es sólo una defensa de una académica que decide irse, sino una
exigencia para quienes se quedan: hablen, expliquen, rindan cuentas. La
comunidad universitaria merece saber qué pasa en sus órganos de gobierno, quién
los integra, cómo deciden, y, sobre todo, si están a la altura de lo que
representan.
Las instituciones no
se degradan de un día para otro. Se vacían poco a poco, cuando se normaliza el
silencio, cuando se castiga la disidencia, cuando se confunde gobernabilidad
con obediencia. Y también cuando se ignoran las señales de alerta, como esta
renuncia.
Haydee Zizumbo
decidió irse. Pero su salida deja una pregunta abierta: ¿qué están dispuestos a
hacer quienes aún permanecen dentro? El futuro de la Universidad Veracruzana
depende, en gran parte, de cómo se responda a esa incómoda pregunta
La crítica no destruye cuando se ejerce con rigor, con ética y con amor a
las instituciones. Lo que destruye es el silencio cómplice.
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