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La república, entre el golpismo y la invasión gringa

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Por Édgar Hernández 

 

¡Es una bola de nieve que crece y crece!

México entero quisiera que fuera así.

 

Darle la razón a los chairos y que todo se resolviera a mentadas de madre y descalificaciones a “fifís” y “conservadores” y que con insultos a la prensa chayotera fueran suficiente para liberar a la Patria de los enemigos de la 4T.

Pero no es así. La alerta de nuevas inconformidades del generalato y las amenazas de Estados Unidos de invasión para combatir a los narcotraficantes, son una realidad que por más que se maquille en las “mañaneras”, no se puede ocultar.

Algo grave está pasando en México luego de la ocurrencia el sábado anterior cuando el presidente Andrés Manuel López Obrador advirtió un inexistente “Golpe de Estado”, admonición que provocó una alerta nacional entre mandos castrenses nacionales e hizo ocupar la atención de Washington. A lo del “Culiacanazo” se sumó la masacre de la familia “LeBarón” que trajo la advertencia de intervención de parte del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Y más tarde, en el uno-dos, la virtual amenaza de congresistas y líderes de opinión de ese país, reclamando se considere a los criminales de los cárteles como “terroristas” a fin de tener la justificación para enviar a sus tropas a nuestro país para exterminarlos. Ello puso en estado de alerta a todos los sectores de la población ante el temor de una eventual suspensión de garantías individuales y que el país entre en estado de excepción.

Es por ello que ha llegado el momento de la unidad por encima de las filias y las fobias, dejando a un lado el interés partidista empezando por la cúpula del poder establecido. Debe llegar a su fin el voluntarismo presidencial si se quiere alcanzar la unidad nacional. Da escalofrío pensar en un eventual alzamiento armado del ejército nacional, pero más aún que de nueva cuenta seamos objeto de una intervención militar de parte de Estados Unidos que históricamente tiene bien ensayado el numerito.

La historia no miente. Si los gringos se meten no hay duda que habrán de pulverizar a sangre y fuego a los cárteles, pero –tal como ha sucedido en otros países- concluidas las hostilidades, plagarán a la república de bases militares, fincarán enclaves en las zonas petroleras y de mayor productividad y no se saldrán. Ellos, por decirlo de manera coloquial, no darán paso sin huarache y caro habrán de cobrar el servicio de “ayuda” a México.

Basta observar este fin de semana como el país más poderoso del mundo occidental mueve sus fichas en torno a los temas del narcotráfico, el asunto LeBarón y la inquietante migración procedente de Centroamérica. Luego de reiterar, hablamos de la Casa Blanca, su ofrecimiento de apoyo militar y financiero contra el narco, Mauricio Claver-Carone, Director de Asuntos del Hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad de EU, justifica que no se violará la soberanía ya que su intervención es solo “una caja de herramientas” para combatir a los criminales.

Algo así como la manzana de la bruja. En el fondo se esconde lo que los mismos congresistas de ese país reclaman “estatus” de terroristas a carteles para combatirlos en suelo mexicano. Dar trato de terroristas a las organizaciones criminales permitiría operaciones militantes como en Irak, Afganistán o Siria en donde el ejército de Estados Unidos opera sin tener que consultar a los gobiernos.

Es decir, entrarían a suelo mexicano como “Pedro por su casa” sin rendir cuentas de nada al gobierno de AMLO. Y como ya conocemos las buenas maneras de los gringos para combatir con bombardeos a poblaciones abiertas, México transitaría del combate a la guerra generalizada, a la masacre total. Esos cabrones hacen cirugía no con bisturí, sino a hachazos.

El tema pues, aunado al insistente reclamo del generalato –sobre todo del ejército nacional inconforme con el trato que reciben directamente de su Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, Andrés Manuel López Obrador- ha puesto a la república en serio riesgo. Cierra pues México una semana en medio de una alerta nacional.

Son tiempos, por tanto, de reflexión. De apoyo solidario. México históricamente se ha unido como uno solo en los peores momentos de las agresiones externas…

¡Aún es tiempo!

 

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