LO ESTÁN HACIENDO TRI-ZAS

Lo sucedido este miércoles en el seno de la selección mexicana no es, como algunos pretenden vender, un simple ejercicio de disciplina necesaria. Es, en realidad, el síntoma más agudo de una enfermedad crónica que padece nuestro balompié. La ausencia de un plan maestro y la sustitución de la planificación deportiva por una ocurrencia o manotazo en la mesa.
El tri y el látigo
Mientras el “Vasco” Aguirre impone una mano de hierro para asegurar que sus seleccionados reporten bajo amenaza de exclusión mundialista, queda al descubierto una fractura institucional preocupante. Resulta incomprensible que el Comisionado de la FMF, Mikel Arriola, gestione acuerdos con los clubes que el cuerpo técnico desconoce o decide ignorar. Esta falta de coordinación no solo expone a la directiva, sino que vulnera a clubes como el Toluca, que se ve obligado a encarar una semifinal internacional en absoluta orfandad, al igual que Chivas en la liguilla, por eso el brinco de su dueño.
El futbol mexicano manoseado con los pies
El fondo del problema es la inexistencia de una verdadera Comisión Técnica Nacional. El futbol mexicano carece de un consejo integrado por las mentes más brillantes, entrenadores mundialistas de todas las categorías, que diseñen una hoja de ruta de largo aliento. Si existiera esa estructura, las gestiones no serían “permisos” a los jugadores, sino acuerdos diplomáticos ante la Concacaf para armonizar calendarios. Al final, tener a los futbolistas concentrados a la fuerza no garantiza escalar posiciones en la élite mundial; lo que garantiza el éxito es el roce competitivo que hoy se les negó en la cancha para dárselos en el encierro.
La Selección debería ser la culminación de un sistema sólido, no el capricho de un mando en turno. Hoy se priorizó el control sobre la estrategia, y el mensaje es claro. el proyecto deportivo es un rehén de la política interna.
Así concluye este capítulo de una tragicomedia que ya nos sabemos de memoria. Entre ultimátum y desorden de pantalón largo, el panorama es sombrío. Mientras Aguirre intenta pegar los pedazos con autoridad, la falta de estructura sigue haciendo su trabajo. Al final del día, entre tantas manos de hierro y tan pocas cabezas de genio, lo único que queda claro es que a este Tri, de tanto querer formarlo a la fuerza, lo están haciendo Tri-zas.