LOS FRANCISCANOS DE PALACIO

Pedro Peñaloza
“Cuando los ricos roban a los pobres, se llama negocio.
Cuando los pobres se defienden, se llama violencia”.
Mark Twain
La presidenta se autodefine como no católica, pero ha declarado que habrá “recortes franciscanos para sostener gasolinas y programas”. Su frase pretende describir los recortes al gasto público y dedicarlo a contener los precios de las gasolinas. Es decir, más austeridad en un contexto de crecimiento económico mediocre.
Esto es señal de una pésima planeación presupuestaria y una deuda irresponsable en los caprichos millonarios de AMLO, junto a un nulo proyecto de desarrollo que da bandazos y depende únicamente del humor y crecimiento de los estadounidenses.
Recientemente la inquilina de Palacio lamentó el incremento en los productos de la canasta básica e hizo un llamado a los comerciantes a pensar en las familias y no elevar más el precio de los productos. ¿No sabe qué el motor de los capitalistas es la ganancia y no los actos humanitarios?
La anunciada austeridad podría evitarse si la presidenta rompiera el acuerdo que tiene la 4T con los ultrarricos. Veamos: el informe elaborado por el Observatorio Fiscal Internacional (La Jornada, 14/abril/2026, p. 15), exhibe a los millonarios mexicanos que en conjunto acumulan 503 mil millones de dólares. Esto significa que menos de mil personas acaparan una cuarta parte de la riqueza del país, mientras la mitad más pobre se reparte sólo el 2%. Carlos Slim Helú y familia tienen el control de 125 mil millones de dólares; German Larrea, 67 mil millones; y, Alejandro Baillères, 19 mil 500 millones.
La concentración del poder económico es reflejo del modelo desigual mexicano, junto a un sistema tributario que no toca las riquezas de los multimillonarios y lo tiene como el país que menos recauda como proporción del PIB dentro de los países de la OCDE (18.3% frente a 34.1% promedio del grupo), y que además es altamente regresivo. Un tercio de lo que obtiene Hacienda es mediante gravámenes al consumo (IVA, IEPS, refrescos, tabaco, etc.). El 50% más pobre paga en impuestos una tasa de 24%, el 10% más rico contribuye con 16% y el 1% entrega sólo 12%.
El documento propone una opción para obtener mayores recursos públicos: impuesto de 2% sobre las riquezas de más de 100 millones de dólares podría recaudar alrededor de 10 mil millones de dólares, una tasa de 3% captaría cerca de 15 mil millones de dólares, equivalente al 1% del PIB. ¿Se atreverá la presidenta a romper con la política de privilegios de los ultras ricos o seguirá atrapada en la austeridad franciscana? Ese es el dilema.