MÉXICO: NEUTRALIDAD ESTRATÉGICA EN TIEMPOS DE GUERRA
El Regional Coatepec 24 de junio de 2025
Cuarto de Guerra
MÉXICO: NEUTRALIDAD ESTRATÉGICA EN TIEMPOS DE GUERRA
Por: Alejandro García
Rueda
Cuando Israel lanzó la Operación
León Creciente y, unos días después, Trump ordenó la Operación Martillo
de Medianoche en Irán, no fue solo una respuesta. Fue un mensaje con
altavoz: “tenemos poder, medios y decisión”. La nueva fase de la confrontación
diplomático-militar está en marcha, y no hay vuelta atrás fácil.
Hace años, Trump
abandonó el acuerdo nuclear con Irán durante su anterior presidencia. Ahora
reaviva la opción militar mientras inicia demandas por aranceles y define una
agenda de “máxima presión”: sanciones, negociaciones forzadas o bombardeos;
todo en función de enviar señales, tanto dentro como fuera de casa.
Lo que pareció un
despliegue improvisado es parte de una estrategia calculada: Trump utilizó
bombarderos B-2 y bombas antibúnker sin avisar al Congreso, para demostrar que
Estados Unidos puede actuar “con fuerza… y sin freno”. Ahora anuncia negociaciones
nucleares, pero los mercados y los diplomáticos saben que las conversaciones
iraní-estadounidenses siguen sujetas al pulso militar.
¿Dónde queda
México?
Claudia Sheinbaum ha
sostenido una línea de neutralidad, señalando que México condena la violencia y
apoya soluciones diplomáticas. Pero ese perfil diplomático no basta.
México no puede romper
con Estados Unidos sin enfrentar aranceles, bloqueos comerciales o presiones
migratorias; mantener subsidios energéticos si el petróleo sigue disparado, ni
actuar como si la crisis global fuera ajena a su economía integrada.
Pero sí puede —y debe—
actuar con inteligencia estratégica.
Puede apostar por una
política que brinde blindaje económico e industrial, a través del
monitoreo y la reducción del impacto en insumos clave: fertilizantes,
agroquímicos, maquinaria y componentes electrónicos.
Activar protocolos para
proteger cadenas de valor y evitar paros en el campo, las fábricas y las
cadenas alimentarias.
Diversificar relaciones y acelerar los acuerdos con la Unión Europea, Canadá,
India y Brasil. Además de apostar por el Plan México, que busca impulsar
sectores estratégicos de alta tecnología y consumo interno como motor de
crecimiento.
México debería ejercer
una diplomacia pública y multilateral, afrontando la presión de la
opinión pública mexicana, que exige claridad ética en foros internacionales.
Entendiendo el papel
que, a lo largo de la historia, ha tenido como nación, nuestro país podría
participar activamente en organismos como la ONU, la CELAC y el G-20 para
impulsar propuestas de mediación sin asumir carga militar; prepararse ante un
clima de incertidumbre energética; elevar reservas estratégicas de gasolina,
gas y electricidad; así como prever escenarios de subsidios temporales,
acompañados de ajustes fiscales y evaluaciones continuas de impacto inmediato.
Neutralidad
activa: no es silencio, es estrategia
En un mundo donde un
bombardeo de Trump puede sacudir los mercados y los discursos, la verdadera
neutralidad es estar listo, con planes reales y una voz diplomática con peso.
Mientras Estados Unidos
y sus aliados miden fuerza, México debe asegurarse de no verse arrastrado por
sus guerras. La crisis no se detiene en el océano. La economía, la sociedad y
la soberanía nacional requieren que actuemos con inteligencia y firmeza.
Porque la distancia
geográfica no nos libra de la guerra económica, comunicativa y logística que ya
toca nuestra puerta.