DestacadoEditorial

Mi Dengue

Comparte

 

[responsivevoice_button voice=»Spanish Latin American Female» buttontext=»Pulsa para escuchar la nota «]

Por Mary Paz Monzón y Héctor Larios

Sentir es conocer. Cuando se habla de una enfermedad sus síntomas y tratamiento hay una distancia entre la conciencia y el cuerpo, entre la mente y el dolor.

En estos últimos meses mucho se ha hablado y escrito sobre el dengue, síntomas, tratamiento y prevención en la prensa local y nacional, de los fríos datos y la carencia de protocolos oficiales para declarar una emergencia y sus consecuentes aplicación de programas de salud. Acciones a destiempo y sin recursos humanos y materiales para una eficiente intervención.

En Coatepec a los primeros brotes el sector privado se acercó con funcionarios de la jurisdicción sanitaria para llevar un registro completo de información. Así se realizó en las primeras semanas, acudían con el resultado de los análisis positivos del diagnóstico fue tal la documentación que llenaron de trabajo a los funcionarios que se dijeron incapaces de continuar dicha tarea de control argumentando falta de personal y espacio. Por su parte, médicos privados perdieron la cuenta, algunos llevaban más de un centenar a la semana, laboratorios confirmaban más de treinta infectados al día. Todos esos datos se convirtieron en cifra negra y las autoridades correspondientes no lograron actuar con celeridad.

Todo esto lo platicamos, con doctores y químicos, compañeros del mismo dolor en instalaciones del sector salud. Mi vía crucis en el seguro, haciendo horas en la sala de espera para tu atención con malos tratos y un dolor de cabeza que muchas personas decidieran mejor acudir al médico particular, pagar la consulta y los análisis, de entrada, alrededor de quinientos pesitos más el dichoso paracetamol. Para ese momento los dolores de cabeza y la temperatura eran soportables, pero poco a poco el dolor muscular crecía, las piernas se sienten pesadas, mantenerse de pie era difícil. Y la lentitud del tratamiento de suero y paracetamol cada 8 horas daban la sensación de vacío y fragilidad que deja un sabor amargo en la boca, literalmente, desaparece el apetito. Aumenta los malestares como vendedores ambulantes de coco, sin faltar las recetas mágicas de pócimas de hierbas y animales, que seguramente muchos ingieren. Los pedidos de cocos inclinan la balanza y el precio sube de 20 a 30 pesitos, es la ley de la oferta y la demanda.

Tomar un bocado es un milagro y cuando logras pasar algún alimento las náuseas te doblan que te hacen ver como contorsionista consagrado. Por fin, logras regresar a la cama cuando te percatas de tu cuerpo sudoroso que tiembla de fiebre, mientras el dolor muscular aumenta, el tamaño de tus pasos disminuye, se encogen. Sin darte cuenta han pasado varios días e interminables noches.

Una mañana cuando crees que ya pasó lo peor, el apetito sigue extraviado, los sabores ausentes, en el menú, agua, suero y paracetamol. Te levantas firme y a cada paso me sentía como atleta después de correr un maratón sin haber entrenado nunca.

Listo, salí, me dije, gracias a Dios, por fin. Nada de eso, ahora venía las piernas hinchadas y la picazón en el cuerpo, una sensación desesperante que sigue recordando nuestra fragilidad.

Los que experimentamos el dolor del dengue, estamos asustados, los especialistas pronostican que esto no ha terminado, que incluso el próximo año vendrá aún más fuerte, por la falta de precauciones de programas sociales que verdaderamente prevengan, las fumigaciones necesarias, matan a los mosquitos, pero las larvas sobrevivirán la siguiente temporada. Mientras unos se duelen otros se frotan las manos.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *