MIENTRAS UNOS CUMPLEN, OTROS SE ESCONDEN
El Regional Coatepec 14 de julio de 2025
Cuarto
de Guerra
MIENTRAS UNOS CUMPLEN, OTROS SE ESCONDEN
DISCLAIMER: Las opiniones aquí expresadas son exclusivamente responsabilidad del autor.
Ningún cargo, puesto o función que desempeñe, actualmente o en el futuro,
refleja necesariamente la posición institucional de la organización,
dependencia o medio al que pertenece o en el que se publica este texto.
Por: Alejandro
García Rueda
En medio del colapso
que vive la plataforma de la Secretaría de Educación de Veracruz (SEV), no sólo
la tecnología ha fallado. También ha fallado, en muchos casos, la voluntad
directiva. Mientras miles de docentes y personal administrativo sostienen con
desvelos, fines de semana sacrificados y jornadas laborales extendidas el
cierre del ciclo escolar más accidentado en años, hay figuras que, en vez de
sumar, simplemente desaparecen.
Los testimonios se
repiten como eco en todas las regiones: hay directores que se desentienden, que
ignoran la presión emocional y operativa que pesa sobre sus equipos, y que
eligen —con toda conciencia— no estar. En lugar de brindar acompañamiento,
revisar avances, coordinar esfuerzos o gestionar soluciones mínimas, optan por
la evasión. Lo más indignante no es que no aparezcan en las tareas duras, sino
que al mismo tiempo se exhiben en redes sociales como si el cierre del ciclo
fuera un asunto ajeno, como si su cargo se limitara a la fotografía
institucional y la vida social.
La presión no viene de
un solo frente. Son los padres quienes, con justa razón, exigen respuestas; son
las autoridades educativas quienes necesitan que los documentos estén listos;
son los propios alumnos que pasan a media superior o superior quienes reclaman
sus papeles; y es, además, una “demanda administrativa” el hecho de respetar
tiempos específicos para comenzar la descarga, aunque ya todo esté listo, pero
no se pueda ingresar sino hasta que llegue la instrucción tajante: “cuando se
les diga”. Y así es todo: para el cierre de ciclo se solicitan datos que están
en las plataformas a las que sí tienen acceso otros niveles, volviendo obsoleto
un proceso que podría simplificarse… si existiera voluntad.
Nadie exige
superhéroes. Pero sí presencia, empatía, corresponsabilidad. Porque cuando la
base está al límite, lo que más se necesita es una figura que esté ahí, hombro
a hombro. En lugar de eso, hay directivos que se refugian en el silencio,
mientras otros —los administrativos, principalmente— asumen las
responsabilidades completas, incluso aquellas que les corresponde coordinar a
otros.
Esto no es solo
negligencia, es una violación legal. Y no por parte de quienes cumplen, sino de
quienes deciden que su comodidad está por encima del trabajo colectivo.
Porque cuando un
director no acompaña, no supervisa, no verifica, no asiste, no se pronuncia, no
pregunta ni apoya, incumple funciones esenciales de su rol institucional. El
liderazgo no es un adorno, es una responsabilidad jurídica, ética y
administrativa. Y eso lo contemplan claramente nuestras leyes.
Partamos de lo
fundamental
No estamos hablando de
una ley fútil o sin importancia, sino de un cúmulo de normativas que están
siendo violadas y de derechos vulnerados, comenzando con el Artículo 123
Constitucional y Art. 59 de la Ley Federal del Trabajo, que prohíben la
imposición de trabajo fuera de horario sin pago. Obligar a personal a laborar
en fines de semana o desvelarse, sin remuneración adicional, viola ambos
preceptos. En la Ley Federal del Trabajo se estipula, tanto en el Artículo
76 como el 132 en su fracción IX la protección del derecho al descanso y la
obligación del empleador (incluidas las figuras directivas escolares) a
respetar tiempos y remunerar cualquier trabajo extra.
En la Ley General
del Sistema para la Carrera de las Maestras y los Maestros se establece que las autoridades escolares deben garantizar condiciones adecuadas de
trabajo, salud emocional y acompañamiento profesional.
Por si fuera
poco, en la reglamentación interna de la SEP y en las reglas
de Operación de la SEV consta la obligación de las direcciones escolares
de liderar la organización, descarga y verificación documental durante
el cierre del ciclo.
La figura
responsable del funcionamiento general de una escuela es el
director, así consta en los Oficios y circulares como la 123/2024 de la
SEV, en donde se puntualiza que el director no es un espectador.
Consecuencias
legales para la omisión directiva
Hay por supuesto, una responsabilidad laboral y por omisiones reiteradas, esto puede derivar
en sanciones administrativas según el Art. 994 LFT, que se convierte en una referencia obligada cuando hay sobreexplotación del personal sin
compensación, delegación indebida de responsabilidades que recaen en
otros trabajadores, abandono de funciones administrativas esenciales y falta
de supervisión efectiva, lo que genera afectación operativa o emocional en
el equipo.
En estos casos, la SEV,
la SEP o los Órganos Internos de Control pueden tomar medidas
administrativas (llamados de atención, apercibimientos, suspensiones temporales
o destituciones), sustentadas o complementadas por lo previsto en dicho
artículo, especialmente cuando hay evidencia de daños o afectaciones.
La ley, las reglas de
operación, las disposiciones oficiales, todo apunta hacia un principio simple:
el trabajo escolar no se sostiene solo, y menos cuando quienes debieran
liderar, se esconden. El silencio también pesa. Y aunque el marco jurídico los
proteja con nombramientos y cargos, no los exime de su deber. Porque si algo
queda claro en medio de este cierre tan caótico, es que no hay espacio para la
indiferencia disfrazada de normalidad.
El trabajo se nota. Y
también la ausencia. La historia administrativa de este ciclo escolar sabrá
recordar quién estuvo, quién acompañó y quién solo miró desde la distancia…
con el teléfono en la mano y la conciencia vacía.
Esta editorial no es un
llamado al escándalo. Es una defensa a quienes, a pesar del desgaste, siguen
cumpliendo. A quienes cargan con lo que otros sueltan. A quienes no tienen
tiempo para excusas porque están haciendo lo que se tiene que hacer, aún en
condiciones que violan la ley laboral, la dignidad profesional y el respeto
institucional.
Porque no hay sistema
colapsado que justifique el abandono. Y porque cuando se trata de educación
pública, la ausencia de liderazgo no es un detalle menor: es una traición
silenciosa que siempre termina cobrando factura. En el aula, en la oficina… y
en la memoria de quienes sí se quedaron.