Director ausente
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Cuarto de Guerra

MIENTRAS UNOS CUMPLEN, OTROS SE ESCONDEN

DISCLAIMER: Las opiniones aquí expresadas son exclusivamente responsabilidad del autor. Ningún cargo, puesto o función que desempeñe, actualmente o en el futuro, refleja necesariamente la posición institucional de la organización, dependencia o medio al que pertenece o en el que se publica este texto.

 

Por: Alejandro García Rueda

 

En medio del colapso que vive la plataforma de la Secretaría de Educación de Veracruz (SEV), no sólo la tecnología ha fallado. También ha fallado, en muchos casos, la voluntad directiva. Mientras miles de docentes y personal administrativo sostienen con desvelos, fines de semana sacrificados y jornadas laborales extendidas el cierre del ciclo escolar más accidentado en años, hay figuras que, en vez de sumar, simplemente desaparecen.

 

Los testimonios se repiten como eco en todas las regiones: hay directores que se desentienden, que ignoran la presión emocional y operativa que pesa sobre sus equipos, y que eligen —con toda conciencia— no estar. En lugar de brindar acompañamiento, revisar avances, coordinar esfuerzos o gestionar soluciones mínimas, optan por la evasión. Lo más indignante no es que no aparezcan en las tareas duras, sino que al mismo tiempo se exhiben en redes sociales como si el cierre del ciclo fuera un asunto ajeno, como si su cargo se limitara a la fotografía institucional y la vida social.

 

La presión no viene de un solo frente. Son los padres quienes, con justa razón, exigen respuestas; son las autoridades educativas quienes necesitan que los documentos estén listos; son los propios alumnos que pasan a media superior o superior quienes reclaman sus papeles; y es, además, una “demanda administrativa” el hecho de respetar tiempos específicos para comenzar la descarga, aunque ya todo esté listo, pero no se pueda ingresar sino hasta que llegue la instrucción tajante: “cuando se les diga”. Y así es todo: para el cierre de ciclo se solicitan datos que están en las plataformas a las que sí tienen acceso otros niveles, volviendo obsoleto un proceso que podría simplificarse… si existiera voluntad.

 

Nadie exige superhéroes. Pero sí presencia, empatía, corresponsabilidad. Porque cuando la base está al límite, lo que más se necesita es una figura que esté ahí, hombro a hombro. En lugar de eso, hay directivos que se refugian en el silencio, mientras otros —los administrativos, principalmente— asumen las responsabilidades completas, incluso aquellas que les corresponde coordinar a otros.

 

Esto no es solo negligencia, es una violación legal. Y no por parte de quienes cumplen, sino de quienes deciden que su comodidad está por encima del trabajo colectivo.

 

Porque cuando un director no acompaña, no supervisa, no verifica, no asiste, no se pronuncia, no pregunta ni apoya, incumple funciones esenciales de su rol institucional. El liderazgo no es un adorno, es una responsabilidad jurídica, ética y administrativa. Y eso lo contemplan claramente nuestras leyes.

 

Partamos de lo fundamental

No estamos hablando de una ley fútil o sin importancia, sino de un cúmulo de normativas que están siendo violadas y de derechos vulnerados, comenzando con el Artículo 123 Constitucional y Art. 59 de la Ley Federal del Trabajo, que prohíben la imposición de trabajo fuera de horario sin pago. Obligar a personal a laborar en fines de semana o desvelarse, sin remuneración adicional, viola ambos preceptos. En la Ley Federal del Trabajo se estipula, tanto en el Artículo 76 como el 132 en su fracción IX la protección del derecho al descanso y la obligación del empleador (incluidas las figuras directivas escolares) a respetar tiempos y remunerar cualquier trabajo extra.

 

En la Ley General del Sistema para la Carrera de las Maestras y los Maestros se establece que las autoridades escolares deben garantizar condiciones adecuadas de trabajo, salud emocional y acompañamiento profesional.

 

Por si fuera poco, en la reglamentación interna de la SEP y en las reglas de Operación de la SEV consta la obligación de las direcciones escolares de liderar la organización, descarga y verificación documental durante el cierre del ciclo.

 

La figura responsable del funcionamiento general de una escuela es el director, así consta en los Oficios y circulares como la 123/2024 de la SEV, en donde se puntualiza que el director no es un espectador.

 

Consecuencias legales para la omisión directiva

Hay por supuesto, una responsabilidad laboral y por omisiones reiteradas, esto puede derivar en sanciones administrativas según el Art. 994 LFT, que se convierte en una referencia obligada cuando hay sobreexplotación del personal sin compensación, delegación indebida de responsabilidades que recaen en otros trabajadores, abandono de funciones administrativas esenciales y falta de supervisión efectiva, lo que genera afectación operativa o emocional en el equipo.

En estos casos, la SEV, la SEP o los Órganos Internos de Control pueden tomar medidas administrativas (llamados de atención, apercibimientos, suspensiones temporales o destituciones), sustentadas o complementadas por lo previsto en dicho artículo, especialmente cuando hay evidencia de daños o afectaciones.

 

La ley, las reglas de operación, las disposiciones oficiales, todo apunta hacia un principio simple: el trabajo escolar no se sostiene solo, y menos cuando quienes debieran liderar, se esconden. El silencio también pesa. Y aunque el marco jurídico los proteja con nombramientos y cargos, no los exime de su deber. Porque si algo queda claro en medio de este cierre tan caótico, es que no hay espacio para la indiferencia disfrazada de normalidad.

 

El trabajo se nota. Y también la ausencia. La historia administrativa de este ciclo escolar sabrá recordar quién estuvo, quién acompañó y quién solo miró desde la distancia… con el teléfono en la mano y la conciencia vacía.

 

Esta editorial no es un llamado al escándalo. Es una defensa a quienes, a pesar del desgaste, siguen cumpliendo. A quienes cargan con lo que otros sueltan. A quienes no tienen tiempo para excusas porque están haciendo lo que se tiene que hacer, aún en condiciones que violan la ley laboral, la dignidad profesional y el respeto institucional.

 

Porque no hay sistema colapsado que justifique el abandono. Y porque cuando se trata de educación pública, la ausencia de liderazgo no es un detalle menor: es una traición silenciosa que siempre termina cobrando factura. En el aula, en la oficina… y en la memoria de quienes sí se quedaron.