Por Ángel Rafael Martínez Alarcón
El pasado viernes 31 de julio del presente 2026, el sexto presbítero de la parroquia de Nuestro Señor del Calvario -perteneciente al decanato centro-, Sotero Domínguez Gómez, encabezó en el templo parroquial una serie de actividades para conmemorar el centenario de la entrada en vigor de la Ley Calles. Ordenado como sacerdote, el once de octubre de 1978, en 25 aniversario de la ordenación episcopal del Segundo Arzobispo de Xalapa, Emilio Abascal y Salmerón,(1904-1979)
Esta normativa, derivada de la actualización del artículo 130 constitucional de 1917 -que a su vez retomaba disposiciones de la Carta Magna de 1857-, impuso severas restricciones al ejercicio eclesial de la Iglesia Católica Apostólica Romana en nuestro país. En respuesta a la violación de la libertad religiosa de los mexicanos, el episcopado mexicano, en comunión con el sumo pontífice Pío XI, decretó el cierre de los templos católicos hace ahora cien años.
La conmemoración de tan significativa fecha para la provincia eclesiástica de México estuvo acompañada por los fieles de las parroquias, los movimientos laicales existentes y el Camino Neocatecumenal. Desde las nueve de la noche hasta la medianoche se desarrolló la velada, replicando las horas en que, hace un siglo, nuestros abuelos acompañaron al Santísimo Sacramento, resguardado sigilosamente en algún hogar. Cien años después, proclamamos con fe renovada que Él sigue ahí, en el sagrario.
Hace cien años, Xalapa, ya consolidada como capital del Estado, experimentaba cambios fundamentales. Un año atrás se había inaugurado uno de los primeros estadios olímpicos del país; la calle del Calvario llevaba ya el nombre de Avenida de la Revolución, convirtiéndose en la primera vía con esa denominación en la nación. La Cruz Roja Mexicana se instalaba en la ciudad, mientras la Escuela Normal Veracruzana celebraba su cuadragésimo aniversario. El obispado y el seminario cumplían sesenta y cuatro años de su fundación, y el quinto obispo de Veracruz cumplía cinco años al frente de la diócesis. La urbe comenzaba a transformarse con la instalación del alumbrado público, y el Estado era gobernado por el general Heriberto Jara Corona.
En aquel entonces, la ciudad contaba con una catedral, la parroquia de San José, así como las capillas del Calvario, de la Cruz de la Misión, el Beaterio, la Piedad y Santiaguito. Existía también un número importante de capillas privadas en las antiguas haciendas del municipio, un seminario y un par de conventos de religiosas. Se había instalado la famosa estatua del Águila en el estadio, y la población no alcanzaba aún los treinta mil habitantes.
Aquella noche veraniega del viernes 31 de julio, el templo del Calvario se vio colmado por sus feligreses. La primera actividad fue una hora santa, presidida por el párroco, entre cánticos y la oración personal de cada uno de los asistentes. Al finalizar, se impartió la bendición con el Santísimo Sacramento.
Posteriormente, se llevó a cabo una dramatización para escenificar lo sucedido en México en 1926, cuando el gobierno de los generales Plutarco Elías Calles –presidente- y Adalberto Tejeda Olivares -secretario de Gobernación- impusieron un marco legal que violentaba la libertad religiosa de los mexicanos.
Ya cerca de la medianoche, como hace cien años, dio inicio una solemne eucaristía celebrada por el párroco, para recordar aquellos dolorosos momentos que padecieron los mexicanos de esa época. En la homilía, el sacerdote evocó la historia de las persecuciones del cristianismo desde sus orígenes, señalando a la Revolución Francesa como uno de los hitos que han marcado esta larga lucha hasta nuestros días.
Al concluir la solemne celebración, el Santísimo fue trasladado a la capilla del sagrario, y se colocó el letrero con la leyenda: “1926 – Sí está aquí – 2026“. Hace cien años, aquel cartel rezaba, con dolorosa ausencia, “No está aquí”.
En el altar se expusieron una serie de reliquias religiosas en memoria de los beatos y santos mártires: San Rafael Guízar y Valencia, San José Sánchez del Río, Beato Moisés Lira Serafín, Beato Miguel Agustín Pro Juárez, Beato Elías del Socorro Nieves, Beata Concepción Cabrera de Armida, y el Beato Ángel Darío Acosta Zurita, feligrés de esta parroquia junto con su familia.
Finalmente, el sábado 1 de agosto se estrenó el musical “Él no está aquí”, cerrando con broche de oro esta emotiva conmemoración centenaria. En cientos de parroquias de la provincia eclesiástica de México, se reunieron el último día del mes de julio del presente 2026, para conmemorar los acontecimientos de hace 100 años








