El Valor de Nuestra Gente

Participación política de la mujer, sin restricciones

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Hola amigos lectores, les saludo con el cariño de siempre. Las mujeres hemos tenido poca participación activa en la vida política y eso ha sido en parte por la reticencia propia del género, pero más aún, por las reglas de poder establecidas en su mayor parte desde el punto de vista jerárquico y con inclinación hacia uno en particular, el masculino. Llama la atención que a pesar de los avances sociales y científicos, aún hay prejuicios que no han sido superados. Las políticas públicas actuales ya hablan de una integración basada en la equidad, en el respeto a las diferencias fundamentales a través de una igualdad legal que proveen los aparatos estatales. Sin embargo, aun la práctica está pendiente para mostrarse como plena.

La participación de las mujeres en su mayoría se ha centrado en un empoderamiento en espacios donde el ejercicio del poder es menor, como las organizaciones no gubernamentales o asociaciones civiles, programas y proyectos enfocados a establecer comités comunitarios que sí representan un beneficio pero no son centrales para cambiar las líneas de acción. Por lo tanto, la participación de nosotras debe redimensionarse en el orden representativo, donde el poder se ejerce directamente para modificar leyes y espacios de acción.

A pesar de ello, felicito que al momento se ha intentado concretar la paridad de género en nuestro país. Porque cada vez es necesario integrar más voces que permitan construir instituciones apegadas a la realidad social. Sea en el orden del gobierno o en el interior de los partidos políticos, debemos comprender que la diferencia de opiniones es necesaria para el cambio, pues todos poseemos una individualidad única que nos hace enriquecer el debate público. Y lejos de prejuicios y estereotipos, lo cierto es que nadie debe ser juzgado o discriminado por cualquier condición corporal, histórica, social o biológica, pues el hecho de ser de otra raza, ser mujer, o peor aún, denigrar a quien está embarazada y por ello reducirle sus derechos políticos o laborales, es regresarnos a una sociedad y mentalidad que ya debió haber sido superada hace cientos de años.

El hecho de militar en “x” o “y” partido tampoco es condición para etiquetar a las personas que lo integran, pues la disidencia se da en todos lados aun cuando en conjunto, se busquen los mismos objetivos: el mejoramiento de las condiciones de vida de los que menos tienen.

En lo personal, debo comentar que a los pocos días de iniciada la campaña electoral anterior, me enteré que estaba embarazada, lo cual no me impidió cumplir con el trabajo hacia la gente, mostrando que sí se pueden hacer cosas independientemente de las condiciones a las que se esté expuesta. Porque la mujer puede asumir el papel para desarrollarse a sí misma y facilitarles a otros su desarrollo. Y esto solo puede realizarse a través de su participación real, protagónica y en la toma de decisiones.

Nos leemos la próxima, que Dios los bendiga.

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