
La semana pasada, Rafa Rojas escribió sobre un viejo amigo: un pelotero coatepecano de brazo potente y siempre ligado al béisbol. Me refiero a Toño López, un joven de 85 años.

Su lectura trajo a mi memoria los recuerdos de nuestra amistad y, en particular, aquel viaje que hicimos a la Unión Americana para ver juegos de Grandes Ligas, un verdadero sueño hecho realidad para nosotros.
Viajamos en la combi de Tito de la Rosa, acompañados por Héctor Rebolledo, Antolín Ramírez, Armando Soler, Conrado Arenas y el propio Toño López. Subimos por la costa este de los Estados Unidos para presenciar siete partidos de Las Mayores.

En un encuentro en el Busch Stadium de St. Louis, Missouri, donde vimos ganar a los de casa, al finalizar el juego quedó un radio de transistores olvidado en la grada. Toño, siempre atento, “se avivó”, esperó el momento preciso y, con una calma parsimoniosa, fue por él justo cuando el guardia se alejó de la escalera.
Feliz con su souvenir, los compañeros no tardaron en bromearlo. Yo le dije: Véndemelo, “Monina”. ¿Para qué lo quieres si tú solo escuchas El Compadre Manuel y allá no entra la señal?
Sembré la duda entre las carcajadas de todos. Ese pasaje quedó grabado en la memoria del grupo y, cada vez que nos reunimos, nos volvemos a reír como chamacos.
Para quienes no lo recuerden, El Compadre Manuel era un programa en vivo que se transmitía por la XJA; un espacio de música popular donde la gente enviaba saludos y pedía sus canciones favoritas.
Seguramente Toño López, “Monina”, como le decimos de cariño sus amigos, aún conserva aquel radio, junto con su colección de vasos conmemorativos con los escudos de las novenas de la época que juntábamos del piso del estadio.
Al estimado Toño lo pueden saludar todas las mañanas en la Unidad Deportiva, donde se mantiene en forma gracias al ejercicio cotidiano.
Por hoy, hasta aquí. Nos leemos la próxima semana, previa a mi cita para la visa americana… a ver si no me la niegan como al “Junior” Andy, que andaba medio encabritado.







