POÉTICAS SOBRE LA PINTURA

Agencia Reforma
Monterrey, NL 25 abril 2026.- El pasado 15 de abril se celebró el Día Mundial del Arte, mismo que fuera proclamado así por la UNESCO desde hace algunos años; esta fecha coincide con el nacimiento de Leonardo da Vinci, de tal forma promover la creatividad, la diversidad cultural y el diálogo, abarcando principalmente la pintura entre las otras artes.
Coincide también que en estos días terminaba de leer un libro relacionado:
“Las dos hermanas. Antología de la poesía española e hispanoamericana del siglo XX sobre pintura” (Fondo de Cultura Económica, España, 2011). Y bueno, más allá de entrever que la selección tenga ciertas tendencias en los gustos y lecturas propias de quien hace el trabajo de antologar, el conjunto tiene muchos aciertos y encuentros o reencuentros felices.
Enrique Andrés Ruiz apunta en el prólogo sobre esta larga convivencia donde el verso y el poeta dialogan con la pintura, ya sea a través de una écfrasis, un homenaje, un paisaje, la visita a un museo: “La poesía y la pintura, como las “quasi fratelli” de la que hablaba Ludovico Dolce, ofrecen, sí, a lo largo de la historia la comprobación de su hermandad”.
Al recorrer estas páginas, en efecto, se comprueba que ese espíritu fraterno se avivó en el siglo pasado con propuestas y aproximaciones poéticas de toda índole: en sonetos o en verso libre, poemas marcados por la brevedad o los de largo aliento, aproximaciones a lo anecdótico o a la mística, el avivado con el pensamiento o con la imaginación.
De cualquier forma, el libro abre con una antesala (muy atinada) a los poetas de Hispanoamérica que hicieron su obra en el siglo 20. Se trata del escritor cubano José Martí (1853-1895):
VERSOS SENCILLOS XXIV
Sé de un pintor atrevido
que sale a pintar contento
sobre la tela del viento
y la espuma del olvido.
Yo sé de un pintor gigante,
el de divinos colores,
puesto a pintarle las flores
a una corbeta mercante.
Yo sé de un pobre pintor
que mira el agua al pintar
– el agua ronca del mar-,
con un entrañable amor.
LOS PINTORES
No son pocos los textos en esta antología que abordan directa o apenas sugeridos, esa conversación silenciosa entre lo que se escribe en una hoja y lo que se sugiere en un lienzo.
Algunos ejemplos: Leopoldo Panero se ve (escribe) dibujando de cuando era niño en su poema “Dibujo infantil”. Igual sabemos que la poesía de Rafael Alberti hizo evidente su estrecha relación con el arte pictórico: Diérame ahora la locura / que en aquel tiempo me tenía, / para pintar la Poesía / con el pincel de la Pintura.
Y quizá el caso más evidente, donde el pintor ejerciera también el oficio literario, es el de Ramón Gaya, quien aparece en este recuento de poemas como pintor homenajeado y como pintor que se escribe e inscribe en su oficio:
DE PINTOR A PINTOR
Pintar no es ordenar, ir disponiendo,
sobre una superficie, un juego vano,
colocar unas sombras sobre un plano,
empeñarte en tapar, en ir cubriendo.
pintar es tantear -atardeciendo-
la orilla de un abismo con tu mano,
temeroso adentrarte en lo lejano,
temerario tocar lo que vas viendo.
Pintar es asomarte a un precipicio,
entrar en una cueva, hablarle a un pozo
y que el agua responda desde abajo.
Pintura no es hacer, es sacrificio,
es quitar, desnudar, y trozo a trozo,
el alma irá acudiendo sin trabajo.
LOS CUADROS
“El Cristo de Velázquez” en un poema de Miguel de Unamuno y en versos de José del Río Sáinz otro cuadro del mismo pintor, la ‘Evocación del cuadro de las lanzas’.
Miguel Machado nos deja dos estampas de “Felipe IV” y “Carlos V”.
Álvaro Mutis hace lo propio con un retrato de Sánchez Coello a Felipe II.
Luis Cernuda es antologado con “Ninfa y pastor, por Ticiano”.
Entre algunos otros trabajos afortunados en la écfrasis de una obra, el poeta mexicano Víctor Manuel Mendiola (1954) se adentra con un soneto en la figura de “Madame X. Un retrato de John Singer Sargent”. Cito la primera (1) parte:
Ella está detenida en un espacio
¿de su recámara? ¿del vestidor?
¿del baño? ¿Desde qué ángulo interior
ella inclina su torso muy despacio?
La miro pensativa en la labor
del cuadro: el traje negro en largo lacio,
seda con luz de perla. En el palacio
-¿la casa es un palacio?- está el color.
Pero el color proviene de otra parte:
del rostro y de los hombros. La blancura
termina y recomienza en esa cara
como si fuera inaccesible un arte
más vivo que este rostro en la pintura.
En el retrato el corazón se aclara.
LOS HOMENAJES
En este apartado habrá que destacar la célebre “Oda a Salvador Dalí” que escribiera Lorca. Por otra parte, ya referíamos líneas arriba al caso de Leonardo da Vinci, su homenaje, que va en estas páginas de la mano con un poema de Rubén Darío (“Salutación a Leonardo”); pero también caben destacar referencias a Rubens (en un poema de Rafael Cadenas) o Cézanne en versos de Villaurrutia; igual tantos otros como Goya, Ticiano, Rembrandt.
Me quedo ahora con un soneto de Severo Sarduy (Cuba 1937 -París 1993) para celebrar al pintor italiano Morandi:
MORANDI
Una lámpara. Un vaso. Una botella.
Sin más utilidad ni pertenencia
que estar ahí, que dar a la consciencia
un soporte casual. Mas no la huella
del hombre que la enciende o que los usa
para beber: todo ha sido blanqueado
o cubierto de cal y nada acusa
abandono, descuido ni cuidado.
Sólo la luz es familiar y escueta,
el relieve eficaz; la sombra neta
se alarga en el mantel. El día quedo
sigue el paso del tiempo con su vaga
irrealidad. La tarde ya se apaga.
Los objetos se abrazan: tienen miedo.
LOS PAISAJES
Otros versos de esta antología son literalmente paisajes que parecieran enmarcados en la memoria del poeta, destaco uno de Julio Herrera y Reissig (‘Claroscuro’), otro de Ángela Figuera Aymerich (“Remanso”), y el que transcribo a continuación de Ángel Crespo (Ciudad Real, 1926-Barcelona 1995); el texto obedece a una de sus estancias en Venecia y cautiva, sin duda, porque tiene la gracia de entreverse acompañado como un borrón (dos pinceladas) en esa pintura que nos comparte con su poema:
RIVA DEGLI SCHIAVONI
La ciudad ya no es
sino acuarela de sí misma,
y vamos como dos pinceladas
que no encontrasen sitio entre la niebla.
Lejos queda la isla
de San Giorgio, y más lejos
los mástiles y torres
-pero eso no es aquí, que ya la mano
al dejar el pincel ha puesto coto
a lo que desde el muelle contemplamos.
LOS MUSEOS
Son pocos registros, pero también hay poemas que se detienen a evocar el tránsito de los poetas entre las galerías de arte y los espacios propios de exhibición pictórica; Enrique Díez-Canedo nos comparte sus “Impresiones de museo”; Hugo Padeletti hace lo propio en el Louvre; Rosario Castellanos conversa ensimismada “Mirando la Gioconda” y en el Museo del Prado Jaime García-Máiquez no deja de sonreírse con ironía:
EN EL MUSEO
A veces, observando a la gente ambulante
por los lentos pasillos del Museo del Prado
no puedo contenerme, y me pongo a su lado
para saber qué opina -con un gesto pedante-
de un conde, un santo, un dios, o de un perro elegante.
Os aseguro que lo mejor que he escuchado
son esos comentarios del niño malhablado
al mirar una venus desnuda por delante.
Cuando esa gente huye y en la misma salida
afirma ciegamente haberlo visto todo,
no haber dejado ni una sala olvidada
me entristezco, pensando que hay quien deja la vida
jactándose saciada de eso mismo, de modo
que mirándolo todo no han contemplado nada.
Dada la diversidad de voces, son alrededor de 150 los escritores antologados (algunos pocos con más de un texto), queda abierta la invitación para regresar a ciertos poetas y poemas ya clásicos, pero también a sorprendernos con otros menos leídos o con pintores o cuadros hasta entonces al margen de nuestra cultura.
Es normal que, en las preferencias muy personales, seguro hubiera elegido otros poemas para Octavio Paz, o rescatar homenajes a pintores como Van Gogh, o cuadros emblemáticos como “El Guernica” (que los hay), pero eso no pasaría de ser un ejercicio ocioso de la memoria y de mis lecturas.
Sobre el libro ya citado, el trabajo de Enrique Andrés Ruiz es muy recomendable, y en efecto, el espíritu fraterno entre poesía y pintura, esas dos hermanas a las que refiere, tienen mucho que decirnos ahora que en abril se ha tenido a bien calendarizar el Día Mundial del Arte.