RESALTAN EL GOZO DE TASSIER POR EL DISEÑO

Agencia Reforma
Ciudad De México 20 mayo 2026.- Al diseñador Gonzalo Tassier le regocijaba jugar con las letras y la noche de este martes, durante la presentación del libro Trazos de una vida, su hermano propuso suprimir la “n” del nombre del creador de legendarios logotipos, como los de Pemex y Correos de México, para revelar su esencia.
“Visualicen la palabra Gonzalo”, instó. “Quítenle la ‘n’: queda Gózalo. Su afán diario era gozar la vida y no importarle la ‘n’ de ‘nada’; no le importaba hacer el ridículo o hacer la obra más bonita del mundo o el error más grande o la travesura más fuerte. Ese fue Gonzalo”, describió.
Presentado por Berenice Tassier, Bruno Newman, Francisco Teuscher y Dante Escalante, el volumen se construyó a partir de diarios, agendas, textos, dibujos, conferencias y recuerdos personales que permiten que la voz del creador reaparezca en primera persona.
El libro Gonzalo Tassier. Trazos de una vida propone volver a escucharlo.
La presentación tuvo menos el tono de una mesa para comentar una novedad editorial, que el de una reunión de amigos hipnotizados todavía por la personalidad de Tassier.
Bruno Newman evocó el encuentro inicial con él en 1962, cuando un compañero de la Universidad Iberoamericana los llevó a conocer “a un espléndido diseñador” que aún vestía hábito de seminarista. De aquella visita surgiría una amistad de más de seis décadas y la colaboración en proyectos clave del diseño mexicano.
Berenice Tassier evocó la casa familiar, donde lo mismo podía encontrarse una rueda de carreta, que un caballo de carrusel, antigüedades o un maniquí bautizado como “la tía Irene”, integrado a la familia. “La casa de un genio, sin duda”, resumió.
“Su estudio tenía enormes libreros que llegaban casi hasta el techo con cualquier cantidad de libros; cosas, cositas, cosotas, herramientas; todo para dibujar, medir, trazar, sellos de goma, muñecas o figuras de Judas en cartonería.
“Además tenía una mesa de carpintero, tres restiradores, tendederos, papalotes, aviones y junto a una chimenea, un sillón donde él leía y nosotros le subíamos encima para jugar nuestro juego favorito: A ver, quién ve primero. Si ya se imaginaron ese estudio, el juego era un reto”.
El libro reivindica además una idea del diseño ligada al oficio manual y a la sensibilidad. Teuscher recordó que Tassier “no podía hablar si no tenía un lápiz en la mano” y expresó su deseo de que el volumen recuerde a las nuevas generaciones “que no todo es Inteligencia Artificial o Photoshop y que la verdadera esencia está en la creatividad y en la sensibilidad que le pongamos a los trabajos”.