ROMPER EL SILENCIO

Por Salvador Farfán
En los hombres y las mujeres constantemente expuestos a la violencia se generan sentimientos muy complejos y profundos, empezando por el estrés y el miedo, pasando por la culpa y la vergüenza, hasta llegar al enojo, la ira, el resentimiento y el dolor. Algunas de estas emociones resultan muy difíciles de controlar, otras, de aceptar, de manifestar, de compartir o de asumir como propias.
La sensación de impotencia, inferioridad y la indefensión aprendida dificultan la capacidad de las mujeres para ejercer su autonomía, asumir su responsabilidad y su poder para tomar decisiones, lo que a su vez repercute en sus posibilidades de abandonar la relación abusiva.
Las mujeres permanecen en situaciones violentas sin denunciarlas por varios motivos, entre ellos, porque creen que las relaciones de pareja son así tienen la esperanza de que la situación cambie; por miedo, porque están amenazadas de daños a ellas o a sus hijos; por vergüenza ante la sensación de fracaso o culpa; por tolerancia a los comportamientos violentos; por dependencia a su pareja en el plano psicológico y económico; porque no saben cómo obtener un ingreso, etcétera. Además de vivir atrapadas en sentimientos de ambivalencia o inseguridad, las mujeres que sufren violencia también tienen miedo al aparato judicial, en el que con frecuencia son doblemente victimizadas porque son maltratadas y no les hacen caso, no saben a quién dirigirse o a qué servicios acudir, les falta el apoyo familiar, viven aisladas y consideran que es un asunto familiar privado.
Romper el silencio significa que las personas que experimentan violencia decidan terminar con el maltrato y busquen la ayuda que necesitan con los familiares, amistades, vecinos, prestadores de servicios de salud y autoridades jurídico-legales. Además en caso de violencia extrema, es necesario buscar un lugar donde refugiarse.
Las personas que sobreviven a la violencia sexual usualmente prefieren permanecer en silencio para no arriesgarse a la discriminación y la humillación que resulta al denunciar el hecho, debido a que se sienten sucias y culpables.
Es importante recordar que se tiene el derecho a una vida libre de violencia; que se puede reclamar el derecho de sus hijos y de recibir pensión alimenticia. El ciclo de violencia no se rompe solo; la violencia es un delito que debe denunciarse; los niños necesitan de un ambiente libre de violencia para su desarrollo y requieren de la protección y apoyo de los adultos.
Reconocer y visibilizar la violencia es el primer paso para evitarla y erradicarla:
Dejar de ejercer la violencia es una tarea que requiere de cambios individuales, en las relaciones de la pareja, en las relaciones con los integrantes de la familia y en la sociedad con políticas públicas que eliminen y erradiquen la violencia.
En lo individual es necesario desaprender la violencia para aprender formas sanas de relacionarse y habilitarse en métodos de solución de conflictos sin violencia.
En la pareja y en la familia se sugiere crear ambientes de confianza y seguridad, de nutrición afectiva y amorosa, en que la comunicación y el diálogo sean una constante y donde los integrantes participen en forma equitativa en las tareas del hogar. Además de establecer corresponsabilidad en la crianza de los hijos, que el varón asuma la paternidad responsable, para que la pareja comparta la atención y cuidado de los hijos y se les enseñe a respetarse y respetar a los demás, se fomente la salud, seguridad y desarrollo intelectual y se estimule la autoestima.
Lo único intolerable es la violencia; la sociedad debe reconocer que hombres y mujeres son diferentes pero con igualdad de oportunidades. Esto implica que, sin temores, ambos puedan expresar sus pensamientos y sentimientos, romper con los estereotipos porque son patrones rígidos que no los dejan moverse libremente y donde ambos puedan ejercer el poder pero, no para destruirse.
Fuente: Violencia Familiar y Adicciones. CIJ