SALPICA PLEITO AL TZOMPANTLI

Agencia Reforma
Ciudad De México 15 mayo 2026.- “Pregúntenle a la Presidenta mexicana y a los mexicanos qué hay en la calle Guatemala 24, en Ciudad de México. Pregúntenle qué hay debajo y por qué no lo abre al público”, lanzó ayer la política española Isabel Díaz Ayuso cuando defendió ante la Asamblea de Madrid el mestizaje de la Conquista y su malograda y polémica gira a México donde rindió un homenaje a Hernán Cortés.
“Pregúntenle, porque a lo mejor habrá que empezar a pedir disculpas por tanta mentira”, insistió la presidenta de la comunidad madrileña, como si fuera un gran secreto.
Pero lo cierto es que eso lo sabe el policía del edificio, incluso cualquier caminante que llegue frente al edificio donde funciona un museo del chocolate, restaurantes y cafeterías. Lo informó el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) el 20 de marzo de 2015. “Descubren el tzompantli más importante de la cultura mexica”, se tituló el comunicado sobre 35 cráneos unidos con argamasa sobre una plataforma rectangular de 34 metros de largo por 12 de ancho, de entre los años 1486 y 1502, antes de la llegada de los españoles.
Del náhuatl tzontli (cabeza o cráneo) y pantli (hilera o fila), el Tzompantli, dedicado al dios Huitzilopochtli, el dios de la guerra, tenía cráneos de individuos decapitados en ceremonias sagradas y rituales y representaba, según el informe, una declaración monumental de poderío y grandeza del imperio azteca frente a sus adversarios.
El descubrimiento, al restaurar el edificio del Centro Histórico para abrir una chocolatería, es el más grande jamás descubierto. Por eso se le llama Huei (o “gran”) Tzompantli. La gran mayoría de hombres, pero también de mujeres y, la gran novedad, también de niños, informó la Secretaría de Cultura en octubre pasado. Entonces ya eran 650 los cráneos completos rescatados y más de 11 mil fragmentos y se analizaban en la Universidad de Georgia (EUA) y en Instituto Max Planck de Alemania.
Más que de muerte era de vida, indicó el comunicado sobre el simbolismo azteca. “Era, al mismo tiempo, un acto de poder y una siembra simbólica: cada cráneo era una semilla que aseguraba la continuidad de la vida”, dijo entonces Lorena Vázquez Vallín una de las arqueólogas encargadas de la investigación que aún no termina. El INAH no respondió ayer sobre el avance y la posibilidad de que abra al público.
El supuesto misterio que hay debajo de la tierra lo conoce incluso el vendedor de boletos del Museo del Cacao y el Chocolate Choco Story, que de todos modos abrió en agosto del año pasado. A un costado de las cajas, una lámina informa que se sigue estudiante para garantizar la preservación de sus elementos. “Agradecemos tu comprensión”, señala. Hay un código QR para descargar el pdf del folleto “Huei Tzompantli”, de 24 páginas con planos, datos e imágenes de cráneos de polvo y dientes incrustados. En la acera de enfrente también lo anuncian los paneles del Programa de Arqueología Urbana del INAH.

Un guía del INAH del Templo Mayor, sin embargo, consideró que es poco probable que el Tzompantli abra al público. “Los huesos, la carne, las hojas, los animales que pusiera como ofrenda, todo es perecedero. El oxígeno deteriora todo, hasta a nosotros. Imagínate, eso que ya lleva más de 500 años”, dijo.
“Pregúntenle cuál es el pasado de México antes de que nos uniéramos en mestizaje, que es lo que ha defendido mi gobierno, porque es la verdad y la historia de todos”, insistió Ayuso el miércoles, todavía en su enfrentamiento con la Presidenta Claudia Sheinbaun que ha insistido en que España pida perdón por la Conquista.
Pero tampoco es que alguien se asuste. Turistas, nacionales y extranjeros, entran al edificio a tomar café y comer helados a unos pasos del altar de cráneos. Nadie ha llegado nadie últimamente a preguntar qué hay debajo, según los encargados. Todo mundo sabe que el Centro Histórico está lleno de vestigios. Entre 2006 y 2008, debajo del Centro Cultural de España, ahí junto, se hallaron la escuela de artes de los hijos de los nobles mexicas, incluso una quijada esgrafiada o con marcas que ahora se exhibe en un Museo de Sitio.
Especialistas como el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma, Premio Nacional de Ciencias y Artes de México y Premio Princesa de Asturias de España, han documentado el valor religioso y ritual de los tzompantlis. En 1956, Julio Cortázar publicó “La noche boca arriba”, un cuento sobre la guerra florida.
El año pasado, sin embargo, en su libro Grandeza, el ex Presidente Andrés Manuel López Obrador intentó negar que hubieran existido. “Su invención correspondió más al fanatismo y a la perversa estrategia de justificar con ello la esclavitud y la crueldad”, sostuvo, pero con pocos resultados.
“El único misterio es que no se entienda el contexto de otra época”, agregó el guía del Templo Mayor. Y que sería una lástima si el Tzompantli no abre al público. “Cuando estaban los mexicas, sólo ingresaban los que iban a ser sacrificios. Si tú entrabas en una fecha que no era permitida, podrías ser hasta sacrificado”, dijo.