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Sáb, 1 ago

SAN PABLO COAPAN: UN MAR DE FLORES QUE PERFUMA A VERACRUZ

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Por Miguel Ángel Cristiani G.

Hay que darse tiempo para pueblear. A veces, a pocos kilómetros de la capital veracruzana, se encuentran historias de trabajo, tradición y esfuerzo que merecen ser contadas.

Este fin de semana visitamos San Pablo Coapan, comunidad del municipio de Naolinco, ubicada a unos 45 kilómetros de Xalapa, donde los campos ya se encuentran en plena floración para recibir a quienes buscan las flores que adornarán los altares de Todos Santos.

Del 17 de octubre al 2 de noviembre se celebrará el Festival del Cempasúchil, una oportunidad para conocer los cultivos de esta comunidad y apoyar directamente a las familias campesinas que los hacen posibles.

De acuerdo con la Asociación de Productores Agropecuarios y Floricultores, alrededor de 60 familias ofrecen más de 50 mil rollos de flores de temporada, entre cempasúchil, terciopelo, sempiterna y girasol, cultivadas en poco más de 25 hectáreas.

Durante el recorrido por sus calles empedradas, Saúl Llera Araujo, Lizhet Barradas Martínez y Demetrio Martínez, presidente, secretaria y tesorero de la organización, respectivamente, describieron el espectáculo como un mar de color naranja que perfuma la tierra.

Y vaya que tienen razón.

Los sembradíos se extienden por distintos puntos de la comunidad y convierten el paisaje rural en un atractivo para visitantes de Veracruz y otros estados del país. Según los productores, también han recibido turistas procedentes de Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Japón, Rusia, Alemania y Canadá.

Pero San Pablo Coapan no vive solamente de sus flores.

Está el pan tradicional recién salido del horno de don Carlos, la gastronomía local y la hospitalidad de sus habitantes, que reciben al visitante con la sencillez propia de las comunidades donde todavía se conserva el gusto por compartir.

Entre los lugares de interés se encuentran la antigua iglesia de Santa María Magdalena, del siglo XVII, el Cerro de la Cruz y una zona identificada como arqueológica.

Detrás del atractivo turístico existe, además, una economía rural que merece reconocimiento. Los floricultores calculan que la actividad genera más de mil 800 empleos directos y aproximadamente mil 300 indirectos, desde la preparación de las parcelas y el cuidado de las plantas hasta el corte y la comercialización.

El proceso comienza meses antes de la cosecha. En julio se preparan las tierras y los semilleros; durante agosto se trasplantan las plantas a los surcos, donde reciben los cuidados necesarios hasta su corte en octubre y noviembre. Todo depende también de las condiciones del clima y de las lluvias.

Las mujeres desempeñan un papel fundamental en estas labores y participan igualmente en otros cultivos, como café, maíz, caña de azúcar y frijol, además de las actividades de crianza de animales de traspatio.

La lección es sencilla: detrás de cada flor que llega a un altar hay trabajo, inversión, conocimiento campesino y familias que esperan recuperar el fruto de varios meses de esfuerzo.

La visita también nos permitió disfrutar de la hospitalidad de Saúl Yera, quien nos abrió las puertas de su casa para compartir los platillos tradicionales de la gastronomía de San Pablo Coapan. Son esos gestos de generosidad los que hacen que recorrer las comunidades veracruzanas sea mucho más que una excursión: es encontrarse con su gente, sus costumbres y su manera de entender la vida.

Y entre los atractivos productivos de la comunidad también destaca Finca Elizote, que comercializa su café bajo la marca Caliexca, presente en las redes sociales. Calificado entre los cinco mejores del mundo, una muestra más de que el trabajo de las familias campesinas de San Pablo Coapan no se limita al cultivo de flores de temporada, sino que abarca otras actividades agrícolas con potencial para generar ingresos y dar a conocer la producción local.

Así, entre los campos de cempasúchil, el café y la gastronomía tradicional, San Pablo Coapan tiene mucho que ofrecer a quienes buscan conocer el Veracruz rural y respaldar directamente a sus productores.

Por eso, quienes visiten San Pablo Coapan durante el festival pueden hacer algo más que tomarse fotografías entre los sembradíos: comprar directamente a los productores, consumir en los establecimientos locales y conocer una comunidad que busca convertir sus tradiciones en oportunidades de desarrollo.

Porque el turismo rural tiene sentido cuando beneficia a quienes mantienen vivo el campo.

Pancho López, el filósofo ateniense xalapeño, seguramente diría:

«¡Qué bueno que vengan a tomarse la foto entre las flores, pero que no se les olvide comprar un rollo, llevarse un café y comer en el pueblo! Porque de aplausos y fotografías no viven las familias campesinas».

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