SER PROFESOR, ACTIVIDAD DE ALTO RIESGO

La otra versión por:
René Sánchez García
Siempre en la vida han existido profesiones y actividades de mucho riesgo. Por ello se ha hecho obligatorio dar capacitación laboral en muchos de los trabajos a desempeñar. Claro que es de muy alto peligro dar cierto tipo de mantenimiento a instalaciones eléctricas, colocar estructuras metálicas en profundidades marítimas, o bien, realizar labores de rescate humano en situaciones donde la naturaleza se sale de control. Igual sucede con algunas profesiones universitarias como la de laboratorio químico, arqueología y algunas ramas de la medicina o la enfermería, por citar solo algunas. Casi siempre encontramos en los contratos colectivos de trabajo, apartados bien específicos que tienen que ver con la seguridad de los trabajadores.
De unos diez años a la fecha, la actividad profesional de trasmitir y crear conocimientos en las escuelas de todos los niveles, así como la de continuar edificando en todos y cada uno de los alumnos esos valores que la sociedad requiere, se ha convertido en un campo difícil de manejar debido a ciertas complejidades. La primera, donde las familias han olvidado su papel primordial de cimentar reglas de conducta y respeto de tipo social. La segunda, la de los profesores que han dejado atrás el compromiso ético de educar para transformar. La tercera, donde el estado ya no ve a la educación como uno de los pilares para lograr progresos sólidos para enfrentar la modernidad y los cambios. Y la última, el cúmulo de libertades existentes y sin control de todo tipo, donde son permitidas las mentiras falsas y otras cosas más.
Por lógica, todo lo anterior viene al caso para dar un punto de vista personal sobre el caso del profesor (que en vida llevó el nombre de Alberto Israel Jasso) de una escuela secundaria en la Ciudad de México, que hace unas pocas semanas atrás fue acusado por una de sus alumnas (misma que vive y lleva por nombre Axel) de acoso sexual, lo que trajo como consecuencia que el mencionado profesor se suicidara, en virtud del riego inminente de perder sus 25 años de trabajo docente, la pena ante su esposa e hijas, así como sus familiares y compañeros de trabajo, lo problemático de la justicia mexicana, pero sobretodo, del daño moral causado por las redes sociales que lo enjuiciaron severamente, antes que las instituciones de justicia.
Las benditas redes sociales, como lo diría López Obrador, han venido haciendo de las suyas en estos últimos días. Tal fue el caso de una dama que imparte justicia que mencionó que dicho profesor debería haberse suicidado desde más antes, aludiendo a la maldad que existe en todos los seres del género masculino. Igual salió a la luz parte del entierro del citado profesor, donde sus alumnas mencionan las cualidades positivas del profesor. Otra grabación forzada donde la niña dice que por enojo inventó eso del acoso y tocamiento corporal de parte su profesor, pues la había reprobado. Pero si se leen los comentarios del Facebook encontramos que, en otras partes o lugares, los profesores sí son bastante atrevidos con sus alumnas, como igual existen alumnos y alumnas que son bastante buenos inventando mentiras con tal de aprobar alguna asignatura.
Algunos cibernautas comentan que el Maestro o la Maestra debe dedicarse única y exclusivamente a su trabajo de enseñar los contenidos de las ciencias, y dejar ya de lado ese lado humano que tiene la profesión de docente, que es la de escuchar y tratar de solucionar los problemas de su edad, esto es, no involucrarse en cuestiones familiares, en problemáticas de la niñez y la adolescencia y específicamente en ayudar otorgando calificaciones que no merecen, sólo por ese sentimentalismo que se demuestran ambos. Siento que en la profesión de docente no se podría nunca dejar de ver a los alumnos como seres humanos y brindarles algunas palabras de consuelo, que en casos son sumamente necesarias.
El video póstumo del profesor puede entenderse como un llamado a tiempo para todos los que están involucrados en el proceso educativo de cualquier nivel. A veces algo malo tiene que suceder para tomar un poco de conciencia de lo que debe hacer, en este caso, los padres, los alumnos, los profesores, las autoridades educativas, las instancias judiciales, el estado, y principalmente la sociedad en su conjunto. No permitamos nunca que la docencia (esa bella profesión humana) se convierta en una simple actividad rutinaria, peligrosa, o de temor constante.