El Valor de Nuestra Gente

Tiempo de Adviento

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El valor de nuestra gente

Linda Rubi Martínez Díaz

 

Hola amigos lectores, les saludo con el cariño de siempre. Estamos por finalizar un ciclo más en nuestras vidas y con ello se hace necesario abrir un tiempo de reflexión personal y colectivo. El Adviento que acaba de iniciar en los últimos días de noviembre representa una oportunidad valiosa también para analizar nuestro comportamiento y las relaciones personales que tenemos con nuestros seres queridos; así como en resolver aquello que nos impide crecer en algún ámbito de nuestras vidas.

La Navidad se acerca y a pesar de ser reducida a una festividad pagana, lo cierto es que marca un año más de que nació el niño Jesús. Sin embargo, previo a la natividad y a su víspera, hay un periodo que no debemos pasar por alto y es el del anuncio de la venida, es decir, el adviento. ¿Pero qué es lo que en realidad significa? Para los creyentes en Cristo, es un tiempo especial de espera pero también de preparación del espíritu previo al nacimiento de Jesús, el cual inicia cuatro semanas antes de esta fecha, en las cuales debemos prepararnos adecuadamente siguiendo cuatro tiempos.

En la primera semana de preparación debemos dedicar un tiempo para limpiar nuestra alma, pues ahí es donde Jesús se hospedará. La mejor manera de prepararnos es reflexionando sobre las cosas que nos separan de Dios, así como en hacer un autoexamen profundo para reparar en los actos que ofenden su gran obra. Una vez transcurrido este periodo, se da un tiempo de poner orden a nuestras ideas, creencias y prioridades; en este caso, lo más importante para nosotros debiera ser el vivir de una manera tal que podamos alcanzar el cielo y la consagración con Dios. La tarea es tan simple como difícil: amar a Dios, al prójimo, como a uno mismo. Una vez limpios y ordenados llega entonces el tiempo de adornar, pero aquí es importante recalcar que sólo podemos embellecer nuestra alma a través de las virtudes, cultivando las acciones y actitudes buenas, siendo sencillo, rectificando nuestro lenguaje, aceptando al otro en su radical diferencia, y sirviendo a los demás.

Finalmente, llega el tiempo de alegría, un momento en el que todo está preparado para recibir a nuestro fiel invitado: Jesús, el hijo de Dios. El adviento entonces se puede resumir en un tiempo de alegría profunda, pues gracias a su venida podremos ir al cielo. Este estado interior no debe por tanto, depender de las cosas de la tierra, ni siquiera de la salud física o la prominencia económica, sino de lograr escapar de uno mismo, que es cuando realmente amamos y seguimos la voluntad de Dios.

Es ya una tradición el hacer una Corona de Adviento, un círculo de follaje verde en cuyo centro se colocan cuatro velas indicando cada uno de los tiempos, encendiéndolas mientras se realiza una oración antes de iniciarlos. Yo les invito amigos lectores, a seguir preservando estas acciones no tanto por ser históricas, sino por su valor religioso y humano. Para los tiempos actuales de desesperanza y falta de reconocimiento a la divinidad, se hacen totalmente apremiantes.

Nos leemos la próxima, que Dios los bendiga.

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