Especial

Un arcón con 4 millones de libras (2)

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Por Sergio González Levet

 

 

 

Sigo con el relato de mi amigo yucateco que entabló por Facebook relación de amistad con un ingeniero gringo que trabajaba en Siria. Pues bien, en cuatro meses de conversaciones se hicieron cuates y el ingeniero John Houston le propuso al yucateco Roberto Kahuich que lo apoyara para invertir sus ahorros en México.

Para tal fin, el míster John le comunicó que estaba por recibir 4 millones de libras esterlinas y que había decidido mandárselas a México a don Roberto para que comprara edificios de oficinas y de departamentos, con el fin de rentarlos.

Don Roberto le pasó sus datos personales, y empezó a caminar el proceso para que recibiera en una cuenta de banco tal cantidad de dinero; un dinero fácil que hacía sospechar al yucateco, pero… pero la ambición es grande y más porque nuestro amigo, sin ser viejo, ya estaba entrado en ciertos años y veía la posibilidad de asegurar su futuro de manera definitiva.

Él estaba pagando la hipoteca de su casa y abonaba mensualmente a un crédito por un vehículo que recientemente había adquirido. Eso se lo había platicado a su amigo en Siria y éste le había prometido que podría tomar de la fortuna que le enviaría para saldar sus deudas, e incluso hasta comprarse otra casa y otro auto, como comisión por sus servicios.

Ya imaginará la añorada lectora, ya entenderá el paciente lector todas las ensoñaciones que iban pasando por la cabeza del buen Kahuich, quien de pronto pensaba que había hecho el negocio de su vida y de repente dudaba si no estaba siendo víctima de un fraude por Internet.

Y los pensamientos se le empezaron a ir por la segunda posibilidad cuando el ingeniero le informó que como permanecía en Siria, en un campo de refugiados resguardado por fuerzas armadas, no había podido realizar la transferencia bancaria de Londres a México, y que por ello había decidido mandarle el dinero ¡en efectivo!

Según esto, había contratado un servicio de envíos internacionales, y un abogado-diplomático se estaba encargando de llevar los cuatro millones de libras, debidamente embalados en un arcón de roble y protegidos con una cerradura electrónica, del aeropuerto de Heathrow al de Monterrey.

Todo esto sucedió en un remolino de tres días, del lunes 8 al miércoles 10 de agosto, en el que se sucedieron mensajes por Facebook y WhatsApp, tanto del ingeniero Houston como del supuesto diplomático que estaba haciendo el traslado del millonario arcón, para ir refiriendo al mexicano en qué estatus iba el preciado baúl, que llegaría directamente a su domicilio en Mérida.

Peeero…

El miércoles a mediodía se comunicó con él el abogado-diplomático. Le dijo que había tenido un pequeño problema en la aduana, y que las autoridades mexicanas querían abrir el arcón, pero el código él no lo tenía porque se lo iban a mandar desde Londres al yucateco sólo cuando el paquete llegara a su casa.

Claro, había una solución: se podía pagar una especie de arancel a la aduana mexicana para que no fuera necesario abrir nada. El costo era de:

¡168 mil pesos!

(Continuará y terminará en la próxima, lo prometo).

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