PEDRO PEÑALOZA
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Pedro Peñaloza

“La política es la única profesión en la que se puede mentir,

engañar y robar, y aun así ser respetado”.

Mark Twain

Con el pretexto de celebrar los primeros dos años de su gobierno, vitoreada por acarreados, Claudia Sheinbaum emitió un discurso que pretendió ser “antiimperialista” (“México no es piñata de nadie”), aunque en realidad fue un mensaje para las huestes morenistas, ya que la inquilina de Palacio seguramente sabe algo, por ello declaró: “[…] vienen por unos, luego por otros, hasta que oficinas del Departamento de Justicia se vuelvan el principal elector de México, eso no lo podemos permitir”.

El llamado de la presidenta es “organizarse” ante lo que viene. En buen castellano significa proteger a funcionarios morenistas vinculados a la delincuencia organizada. Ahora sus sparrings imaginarios fueron “los sectores de ultraderecha de Estados Unidos, que no quieren que haya una buena relación entre ambos gobiernos”. Sin decir un solo nombre de esos terribles enemigos.

Poco duró su radicalismo en contra del vecino del norte. En la “mañanera” del lunes hasta defendió al gobernante de Estados Unidos: “no es el presidente Trump quien impulsa esta ofensiva contra nuestro país”. ¡Válgame! ¿El Departamento de justicia, la DEA y la CIA están encabezados por “ultraderechistas” que son independientes y hasta opuestos a la buena voluntad de Trump?

La presidenta utiliza un discurso “soberanista”, pero en realidad lo que está en el fondo es la defensa de sus compañeros narcotraficantes, cuya acusación ha puesto en jaque al grupo en el poder, porque saben que no son los únicos pillos asociados a la delincuencia organizada. Están enterados porque es evidente que las áreas de inteligencia del gobierno mexicano lo sabían. La complicidad es el cemento que los une.

La entrega del general Gerardo Mérida, quien negocia ya con el Departamento de Justicia, es la otra prueba de la crisis. En su audiencia en la Corte Federal del Distrito Sur de Nueva York se le advirtió, por parte de la jueza federal Katherine Polk, que hay una “abundancia de pruebas” y que “es parte de una ola”.

El mensaje es evidente, allá esperan a más funcionarios mexicanos, que seguro serán protegidos aquí por el manto presidencial. Sheinbaum puede suponer erróneamente que con su discurso “nacionalista” cesarán las acusaciones contra sus colegas de partido. Por su parte, el endurecimiento del discurso estadounidense no se detendrá y puede escalar con acciones directas.

Seguro Sheinbaum está informada que viene otro paquete de acusados, incluidos personajes cercanos al inquilino de Palenque. El círculo se cierra. El líder puede derrumbarse. Quizá por eso el vitriólico discurso dominguero. Un grito desesperado.