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Por Rafael Rojas Colorado

Hasta el momento, según mi juicio, el partido celebrado en SoFi Estadium de los Ángeles California entre Estados Unidos y Paraguay, es el mejor y más emotivo en lo que va de la copa del mundo. Los paraguayos saben tocar el balón, pasarlo y son gambeteros como la mayoría de los sudamericanos, lamentablemente, fueron sorprendidos por una avalancha que, impetuosa, arrasó a la Garra Guaraní.            

Sencillamente los norteamericanos no los dejaron hacer su juego, les madrugaron con su ritmo, los desbordaron e impusieron su estrategia, fuerza, velocidad y mentalidad triunfadora. El error siempre es parte del futbol y surgió un autogol del paraguayo Bobadilla, apenas a los siete minutos de juego. Tal vez dijera Ángel Fernández, la guerra ya comenzó, los disparos se escuchan en ambas áreas del campo de juego, y Balogun anota el segundo a los treinta y un minuto con dos segundos del partido. Finalizando el primer tiempo, nuevamente Baloguín reafirma su presencia en su selección, por qué está presente. Mauricio Magalhaés Prado, parece abrir la caja de pandora al anotar al minuto 72 el gol que hace renacer la esperanza, pero los estadunidenses jugaron a la velocidad del viento, al estilo europeo, y ya en los últimos segundos de tiempos de compensación, Gio Reyna anota el tiro de gracia señalando a lo guaraní el camino que les espera en este mundial 2026, nada fácil la tienen, pero el futbol siempre está inmerso de sorpresas y no todo está perdido. En una guerra deportiva cualquiera puede ganar. Diría Ángel Fernández, esta es la pasión y la emoción del juego del hombre, el futbol.