ANTE OLVIDO DEL CCOY, CRITICAN UNIVERSIDAD DE LAS ARTES

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Agencia Reforma

Ciudad de México 26 abril 2026.- Mientras que el Gobierno de la Ciudad de México planea invertir 390 millones de pesos en la nueva Universidad de las Artes, las escuelas artísticas del Centro Cultural Ollin Yoliztli (CCOY) trabajan en total precariedad.

 Cotidianamente, docentes y alumnos deben desempeñar sus labores entre goteras y cubetas, grietas y desprendimientos por la humedad, la caída de plafones, fallas eléctricas y la presencia de moho y fauna nociva.

 Una situación de carencia presupuestal y falta de atención que ha sido reiteradamente denunciada a las autoridades de la Secretaría de Cultura (SC) capitalina, pero que sólo ha tenido arreglos parciales que no solucionan el problema de fondo.

 “Básicamente, el problema que cada año viene sufriendo la escuela, además de las innumerables carencias que empiezan a sumarse por el deterioro constante del edificio, es la filtración de agua”, señala César Lara, Coordinador de la Cátedra de Guitarra y de Arpa de la Escuela de Música Vida y Movimiento, al interior del CCOY.

 Según el profesor, el inmueble ubicado en Periférico Sur 5141 actualmente tiene cubículos de estudio clausurados por filtraciones, salones completos que no cuentan con equipamiento a causa de inundaciones y apagones eléctricos constantes.

 A esto se suman los problemas de desatención en todo el conjunto que no sólo tienen que ver con la temporada de lluvias.

 “El deterioro de la escuela es general, con puertas que no cierran, baños clausurados, la biblioteca también en muy mal estado y equipos ya muy viejos”, explica, por su parte, Jesús Rojas, estudiante de la Licenciatura en Tuba y miembro de la Sociedad de Alumnos de la escuela.

 “Y el mobiliario también: atriles ya bastante deteriorados, que se van reciclando, y sillas ya bastante rotas, bastante incómodas, o que a veces ya no funcionan”.

 Desde la pandemia de Covid-19, además, no ha reabierto la cafetería del CCOY, lo que obliga a los alumnos a salir de las instalaciones para comer.

 Todos estos problemas contrastan con los planes del Gobierno de la CDMX para crear una nueva Universidad de las Artes, en Plaza Tlaxcoaque, sin resolver primero los pendientes que acarrean sus escuelas de artes en activo.

 De acuerdo con Lara, a raíz de las protestas sobre los temas de infraestructura que se realizaron en octubre del año pasado, Sandra Isadora Rodríguez, titular de la Subdirección de Conservación, Regulación y Mantenimiento de Inmuebles de la SC capitalina mantuvo una serie de reuniones para plantear soluciones.

 El pasado 13 de febrero, la funcionaria se comprometió a realizar una intervención en el inmueble para las vacaciones de Semana Santa, pero esto no ocurrió.

 “No ha habido hasta el momento un solo avance. Y, bueno, estamos hablando de un mantenimiento de la escuela y creemos que un mantenimiento evidentemente no va a costar los 300 millones de pesos que se le está destinando a la Universidad de las Artes”, contrasta Lara.

 “Es un porcentaje muchísimo menor el que puede ayudar a conservar un inmueble que ya tenemos, y no solamente un inmueble, sino una escuela a nivel profesional que está funcionando”.

 Hace un par de días, integrantes del Colegio Académico del CCOY dirigieron una carta a Clara Brugada, Jefa de Gobierno, y a la titular de la SC capitalina, Ana Francis Mor, para denunciar estas condiciones.

 El reclamo no sólo se ha limitado a las escuelas que operan en el inmueble de Tlalpan, sino de toda la red educativa del Ollin, pues la preocupación ante el proyecto de la Universidad de las Artes es general.

 En su misiva, los académicos señalan que el CCOY tiene una tradición de cuatro décadas de enseñanza que no ha sido tomada en cuenta para la nueva universidad.

 “Prácticamente todos los profesores nos dimos cuenta de esta la Universidad de las Artes por las publicaciones en redes sociales”, explica el profesor.

 Esto, a pesar de que el proyecto surgió al interior del CCOY, sin que los especialistas fueran tomados finalmente en cuenta.

 Según los profesores, hay problemas en el planteamiento de este nuevo centro educativo que son evidentes desde el inicio, como la propuesta de que el ingreso sea sin un examen de admisión.

 Estos exámenes, dice Lara, son de gran importancia en disciplinas como la música, pues permiten colocar a los alumnos en el grado en el que deben estar de acuerdo con sus conocimientos previos, lo que puede evitar que cursen ciclos innecesarios si provienen de una escuela de iniciación artística.

 “Excluir al CCOY no sólo representa una omisión institucional, sino una pérdida estratégica para la consolidación de una Universidad de las Artes sólida, pertinente e incluyente”, señalaron los responsables de escuelas y programas en su carta.

 Por otro lado, aunque el proyecto plantea una importante oportunidad laboral para los profesionales del arte y la cultura, un gran número de docentes del Ollin están contratados como prestadores de servicios, en condiciones laborales precarias.

 Esto levanta la duda sobre los esquemas de contratación que podrían usarse en la nueva Universidad, que podrían replicar esta prácticas de precarización.

 Asimismo, los alumnos que actualmente cursan sus estudios en el CCOY señalan que es incongruente abrir una nueva escuela cuando las suyas están en pésimas condiciones.

 “Es muy ilógico que quieran abrir otra escuela de artes cuando no se les da mantenimiento a las que ya hay”, critica Rojas. “Y son escuelas que tienen muy buenos resultados, con muchos músicos egresados que están en las principales orquestas, como la Filarmónica de la Ciudad o la OFUNAM, o que están en el extranjero, y es triste que habiendo resultados tan buenos por parte de estas escuelas, pues las dejan en el abandono y solamente quieren crear otra”.

 Mientras tanto, los directores y encargados de las escuelas del CCOY -centro que también alberga la Sala Silvestre Revueltas, también con problemas de mantenimiento- piden una reunión con las autoridades para tratar tanto el proyecto de la Universidad de las Artes como las malas condiciones del inmueble, herencia de la gestión de Claudia Curiel de Icaza, antecesora de Mor en la SC capitalina y hoy Secretaria de Cultura federal.