APELAN A ABANDONAR LA INDIFERENCIA ANTE DESAPARICIONES

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Agencia Reforma

Ciudad de México 26 abril 2026.- En un País con más de 130 mil desaparecidos, no puede ser que todos anduvieran en “malos pasos”.

 Así lo sostuvo Alma Delia Murillo al presentar este domingo Raíz que no desaparece (Alfaguara), su más reciente novela, en la última jornada de la Fiesta del Libro y la Rosa de la UNAM, remarcando la importancia de apropiarse y transformar la narrativa en torno a este doloroso fenómeno.

 “Saquemos ese relato de la necropolítica que sólo dice estadísticas y no nombra, ésa que ha depositado y logrado que llegue muy profundo lo de: ‘En algo andaban'”, instó la autora ante el público reunido en el Foro Libertad, durante la última jornada de este encuentro en el Centro Cultural Universitario.

 “Apropiémonos de la manera de contar esto, sobre todo porque las familias no encajan en ese engranaje. Y por eso es como si todo este relato negara, ocultara que lo que está de fondo, que toda esa chingadera, ese capitalismo gore, como dice Sayak Valencia, se está alimentando de una herida inmensa que es de estas personas, de estas familias mutiladas”.

 Acompañando a colectivos de buscadores para la escritura del libro, Murillo descubrió con gran impacto que en medio de ese profundo dolor y de todo lo horrible que implica esta crisis humanitaria -como ha alertado la ONU- también podía haber gestos de amor, alegría y picnics improvisados por personas cuyas ropas de colores son “una resistencia a no estar en el duelo, sino en la vida, en la búsqueda”.

 “Se los cuento y se me eriza la piel, me vuelven a dar ganas de llorar de la gran lección de amor y vitalidad que hay ahí donde uno creía que sólo iba a encontrar horror”, compartió la autora, quien describió tal experiencia como “profundamente transformadora, un revolcón de ola que te arrastra”.

 En su novela, Murillo escribe sobre una madre buscadora a la que su hijo se le aparece en sueños para contarle a dónde se lo llevaron. Y es algo que la autora dice haber tomado de la realidad, pues aunque pueda parecer extraño, es a lo que el fallido sistema ha orillado a las familias buscadoras.

 “Cuando el sistema falla, lo que nos debería dar solución, estructura, medición, efectividad de métodos, y no existe, nosotros encontramos estas salidas delirantes, creativas, locas.

 “Y no iba a ser la excepción el caso de los colectivos buscadores, particularmente las madres, que no empezaran a decir: ‘¿Y yo por qué sueño y sueño y sueño que mi hija me dice que está en este lugar? ¿Lo voy a ignorar o voy a hacer algo con ello?’. Y hacen eso, llevan sus sueños a las Fiscalías”, contó la escritora.

 De hecho, a raíz de la lectura de Raíz que no desaparece, Sergio Beltrán-García, de la organización de arquitectura forense Patio Lab, se encuentra reuniendo a un grupo de colegas para ofrecer a las madres buscadoras modelar sus ensoñaciones en un software para representar aquellos espacios que se aparecen en lo onírico.

 “En España me preguntaban: ‘¿Eso es realismo mágico?’. Y yo les decía: ‘No, eso es México’. Estamos hechos de esta tesitura, y todas estas cosas que parecen delirio no son sino profundos saberes, cosas que las madres saben en sueños con una intuición profunda”, resaltó Murillo.

 Y si ya en su libro planteaba que, al estar en zonas con fosas clandestinas, los árboles enferman de violencia -pues cuando hay demasiados cuerpos en descomposición, hay un exceso de nitrógeno que afecta sus raíces-, la escritora ahora ha descubierto con sorpresa las declaraciones de un funcionario en Jalisco acerca de que van a empezar a buscar en zonas a partir de la acumulación de nitrógeno.

 Alguna vez, en plena jornada de búsqueda, una mujer le decía: “Es posible que esta milpa se esté alimentando de abono humano”.

 “Aunque sea por un poco de egoísmo para dejar de tragarnos la violencia, hagamos algo; cada quien tome una decisión de qué hacer () Sí puedes, sí podemos hacer algo!”, exhortó, por su parte, la escritora Julia Santibáñez, quien acompañó a la presentación de Raíz que no desaparece.

 Además del cambio de narrativa, Murillo apeló a abandonar la indiferencia, y enlistó algunos gestos que aunque pequeños resultan significativos para los buscadores, como hacerles algún donativo de materiales esenciales, como botas y guantes, o incluso sólo acompañarles; “acuerparles suma un montón”, dijo la escritora, a propósito de la próxima marcha el 10 de mayo.