ARCOS SAN JERÓNIMO 2024 1
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ARCOS EN HONOR A JERÓNIMO

Rafael Rojas Colorado

 

            El cielo brama, es herido por los cuetes, a lo lejos explotan en el aire, la gente se alarma y elevan la vista a las nubes. A lo largo del barrio de Arteaga se estira una alfombra de aserrín trenzada de mil colores y vistosos dibujos, parece una ofrenda ofrecida al patrón del pueblo. A lo lejos se escucha la música que exhala la tambora, el golpe del zapateado de los danzantes con su rítmico baile, cantos, rezos y alabanzas de los feligreses, es un ritual de fe, alegría y pasión por las tradiciones del pueblo. Jerónimo en una estructura de madera cargada en los hombros de los devotos va saludando a la gente en su peregrinar hacia el templo mayor. Lo guían varios sacerdotes, vestidos con albas y sotanas blancas, son pastores que acercan la voz de Dios a la comunidad, van esparciendo el incienso, trasmiten la fuerza de la fe, amor y la esperanza, más atrás danzantes, músicos y hombres fuertes cargando los arcos decorados con flor de cucharita, tenchos verdes, también rojos y diversos ramajes con olor a perfume del campo, gritan, cantan y exhalan sus pecados  y creencias en lo que parece una manda, pero no lo es tan solo la alegría enlazada con la fe, desde los balcones de las casas los bañan con agua y, momentáneamente, les sofoca el calor, por momentos se detienen y se toman un poco de aguardiente para adormecer los músculos del cuerpo y aguantar el peso del arco, abajo la alfombra se va desbaratando, la gente los anima con aplausos, pues el esfuerzo es grande, pero la fe del espíritu es indomable.

 

            Como puñales los cuetes siguen rasgando al cielo, pero solo desean anunciar el acontecimiento que sucede en algunas calles del pueblo, llamar a los que están lejos para que vengan atestiguar lo que sucede en la fiesta de Jerónimo, patrón del pueblo coatepecano, quizá también pretendan espantar la lluvia, la tormenta para que todo suceda en sana paz. A lo largo del barrio de los tigres de san Jerónimo la gente aplaude, se extasía con la escenografía, alaban, lloran de emoción, toman fotografías y son parte de la fiesta grande del pueblo. El parque Miguel Hidalgo, las calles aledañas y el atrio de la iglesia totalmente apretujadas de gente, de la torre de la iglesia un constante repique de campanas anunciando el acontecimiento. Es una oración comunitaria en honor a Jerónimo Eusebio, lumbrera intelectual y espíritu de fe.

 

            Se torna en júbilo ver llegar los arcos al templo, otros pasan de largo para distribuirlos en diversas iglesias. Muchos entusiastas se mueven con rapidez en el techo de la iglesia, tiran reatas, gritan y comienzan a levantar el arco principal, cuando lo acomodan san Jerónimo pasa debajo con mucha solemnidad, como un conquistador de almas, es su día y es ensalzado como gran jerarca que es. Metafóricamente camina a lo largo del pasillo central del templo para ocupar un lugar de honor, los católicos se turnan, de uno en uno de dos en dos lo saludan y rinden culto, recordarle que hoy nació a la vida eterna.

 

            Cuando la fiesta termina en esa tarde otoñal, la gente se traslada con rapidez a otro extremo de la ciudad, al barrio Ignacio Manuel Altamirano –Paso Ancho– pues celebran al patrón de ese nostálgico rumbo, al alado san Miguel Arcángel y la fiesta continua bajo la luz de una plateada luna, pues esa noche el pueblo no duerme porque está de fiesta.

 

rafaelrojascolorado@yahoo.com.mx