ARCOS EN HONOR A JERÓNIMO
El Regional Coatepec 22 de septiembre de 2025
ARCOS EN HONOR A JERÓNIMO
Rafael Rojas Colorado
El
cielo brama, es herido por los cuetes, a lo lejos explotan en el aire, la gente
se alarma y elevan la vista a las nubes. A lo largo del barrio de Arteaga se
estira una alfombra de aserrín trenzada de mil colores y vistosos dibujos,
parece una ofrenda ofrecida al patrón del pueblo. A lo lejos se escucha la
música que exhala la tambora, el golpe del zapateado de los danzantes con su
rítmico baile, cantos, rezos y alabanzas de los feligreses, es un ritual de fe,
alegría y pasión por las tradiciones del pueblo. Jerónimo en una estructura de
madera cargada en los hombros de los devotos va saludando a la gente en su
peregrinar hacia el templo mayor. Lo guían varios sacerdotes, vestidos con
albas y sotanas blancas, son pastores que acercan la voz de Dios a la comunidad,
van esparciendo el incienso, trasmiten la fuerza de la fe, amor y la esperanza,
más atrás danzantes, músicos y hombres fuertes cargando los arcos decorados con
flor de cucharita, tenchos verdes, también rojos y diversos ramajes con olor a
perfume del campo, gritan, cantan y exhalan sus pecados y creencias en lo que parece una manda, pero
no lo es tan solo la alegría enlazada con la fe, desde los balcones de las
casas los bañan con agua y, momentáneamente, les sofoca el calor, por momentos
se detienen y se toman un poco de aguardiente para adormecer los músculos del
cuerpo y aguantar el peso del arco, abajo la alfombra se va desbaratando, la
gente los anima con aplausos, pues el esfuerzo es grande, pero la fe del
espíritu es indomable.
Como
puñales los cuetes siguen rasgando al cielo, pero solo desean anunciar el
acontecimiento que sucede en algunas calles del pueblo, llamar a los que están
lejos para que vengan atestiguar lo que sucede en la fiesta de Jerónimo, patrón
del pueblo coatepecano, quizá también pretendan espantar la lluvia, la tormenta
para que todo suceda en sana paz. A lo largo del barrio de los tigres de san
Jerónimo la gente aplaude, se extasía con la escenografía, alaban, lloran de
emoción, toman fotografías y son parte de la fiesta grande del pueblo. El
parque Miguel Hidalgo, las calles aledañas y el atrio de la iglesia totalmente
apretujadas de gente, de la torre de la iglesia un constante repique de
campanas anunciando el acontecimiento. Es una oración comunitaria en honor a Jerónimo
Eusebio, lumbrera intelectual y espíritu de fe.
Se
torna en júbilo ver llegar los arcos al templo, otros pasan de largo para
distribuirlos en diversas iglesias. Muchos entusiastas se mueven con rapidez en
el techo de la iglesia, tiran reatas, gritan y comienzan a levantar el arco
principal, cuando lo acomodan san Jerónimo pasa debajo con mucha solemnidad,
como un conquistador de almas, es su día y es ensalzado como gran jerarca que
es. Metafóricamente camina a lo largo del pasillo central del templo para
ocupar un lugar de honor, los católicos se turnan, de uno en uno de dos en dos
lo saludan y rinden culto, recordarle que hoy nació a la vida eterna.
Cuando
la fiesta termina en esa tarde otoñal, la gente se traslada con rapidez a otro
extremo de la ciudad, al barrio Ignacio Manuel Altamirano –Paso Ancho– pues
celebran al patrón de ese nostálgico rumbo, al alado san Miguel Arcángel y la
fiesta continua bajo la luz de una plateada luna, pues esa noche el pueblo no
duerme porque está de fiesta.