‘COMERÁS FLORES’: CUANDO EL AMOR TERMINA EN VIOLENCIA

Agencia Reforma
Ciudad de México 24 abril 2026.- Un fenómeno editorial suele acaparar los titulares por el total de ejemplares vendidos y las reimpresiones que se han agotado, pero éste no es el caso de Comerás flores (Libros del Asteroide), la primera novela de la española Lucía Solla Sobral.
Sí, ha vendido ya más de 100 mil ejemplares y está en su vigésima reimpresión, pero lo que ha dominado las conversaciones, tanto en redes sociales como en el boca a boca, es la potente identificación de las y los lectores con su retrato del maltrato psicológico, el duelo y la amistad.
Ahí se narra la historia de Marina, una joven de 25 años que acaba de perder a su padre, y su encuentro intempestivo con Jaime, un hombre 20 años mayor que rápido la deslumbra con su aparente encanto y los lujos de una vida acomodada que ella no puede permitirse.
Subrepticiamente, de a poco, Jaime comienza a adquirir el control de la vida entera de Marina, primero con una atención excesiva -lo que hoy se conoce como love bombing- y después con exabruptos que, progresivamente, elevan el nivel de la violencia.
“Por desgracia, todas fuimos, o la amiga de una chica que sufrió malos tratos, o esa propia chica”, señala la autora, en entrevista, sobre la identificación que ha propulsado el éxito del libro.
A partir de los comentarios de numerosas lectoras -pero de lectores también-, Solla Sobral (Marín, Galicia, 1989) supo que el libro está siendo regalado ampliamente por personas que buscan explicar a sus seres queridos las situaciones de maltrato por las que pasan, o han pasado, y también por quienes buscan advertir a sus cercanos sobre las relaciones de riesgo que perciben.
De manera contundente, la novela ha llegado a poner en la conversación pública un tema del que no se habla lo suficiente.
“Se trata muy poco sobre el maltrato psicológico. Y se trata también muy poco el maltrato físico. En España, por lo menos en las noticias, sólo nos hablan de violencia de género cuando hay un asesinato”, evalúa la novelista.
“Hasta entonces no pasa nada, o sea, nunca se habla de la antesala al asesinato; no se habla de todo lo que pasa antes de que te den una paliza o que te amenacen de muerte”.
‘Puede ocurrirle a cualquiera’
Nacida en el taller de escritura de la autora Marta Jiménez Serrano, primero como un cuento titulado La casa del terror, la novela construye a Marina, de manera consciente, como una joven que elude al estereotipo de la mujer que padece maltrato.
“Me daba cuenta de que las pocas veces que se habla, se suele dibujar un perfil muy concreto de víctima, como si hubiese un único perfil, que es una mujer aislada, sin recursos, sin formación, migrante”, explica.
“Entonces, si nos dibujan ese perfil y tú empiezas a sufrir violencia machista en tu relación, no te vas a sentir identificada con eso; no vas a creer que eres víctima de violencia, creerás que te está pasando otra cosa, porque ‘tú no eres así’, porque no esperas que te pase eso a ti”.
Al inicio de la novela, con el duelo por su padre a flor de piel, Marina es presentada como una joven inteligente, con amplias lecturas sobre feminismo, que batalla con la precariedad laboral que aqueja a su generación, pero que está arropada por un entorno familiar amoroso, una amiga incondicional, Diana, y su perrita Frida.
Aun así, como puede ocurrirle a cualquiera, Marina es cautivada por Jaime, un narcisista e inseguro hombre de 45 años, esnob y pedante, que se declara “compositor de atmósferas”, aunque su profesión estaría mejor descrita con el término “decorador de interiores”.
Convencida desde el inicio de que lo que quería retratar era el maltrato psicológico, la autora realizó un amplio sondeo entre amigas y conocidas para identificar los comportamientos más recurrentes de este tipo de violencia machista.
Éstos terminaron configurando las acciones manipuladoras de Jaime: periodos prolongados de la “ley del hielo”, aventar y romper cosas en casa, controlar el vestuario y la alimentación, y acelerar el automóvil a más de 200 kilómetros como método de intimidación.
“Siempre tuve claro que quería ceñirme a eso, porque creía que era necesario que, desde la literatura, lo tratemos, y porque en ese mismo taller literario en el que yo estaba, recuerdo que un compañero, cuando envié una escena, me dijo: ‘¿Sólo va a pasar esto?’, porque le parecía poco. La violencia le parecía muy baja, o muy floja”, recuerda.
“Y me llamó la atención que necesitase más violencia para que le pareciese importante. Entonces, para mí eso fue muy motivador y dije: ‘No, 100 por ciento me tengo que ceñir a esto y que esto parezca lo que es: que es grave'”.
Periódicamente durante la novela, Marina hace un recuento de todo aquello que tiene en su vida: “Tengo: una perra, una amiga, una madre, dos hermanos y un padre muerto”, declara al inicio.
Una lista que, progresivamente, se va haciendo cada vez más corta, dominada por la presencia manipuladora de Jaime, en su intento por abarcarlo todo.
Una prosa vertiginosa
La novela debut de Solla Sobral ha sido reconocida también por una prosa vertiginosa, en ocasiones un tanto asfixiante, cargada de lirismo.
“Yo leía muchísimo en voz alta lo que escribía para calcular esa asfixia, porque necesitaba que la lectura se atragantase casi del ritmo que lleva ella con los pensamientos, con esos monólogos internos que tiene. Yo quería que el lenguaje se adaptase a lo que Marina va sintiendo, no al revés, no adaptar los sentimientos de Marina al lenguaje”, expone.
“Y esa lírica que tiene, sobre todo al principio, también va acorde con la inocencia, o la ingenuidad de Marina, con lo naíf que tiene, sí, un toque medio infantil y cómo concibe el amor, y se va perdiendo un poquito según avanza la la historia.
“Ella también va cambiando su concepto del amor y va madurando y se va perdiendo un poco ese lirismo, aunque lo mantiene hasta el final, pero el final es mucho más prosaico”.
Ya disponible en librerías, Comerás flores está replicando su éxito de este lado del Atlántico, pues vendió de inmediato la edición de mil ejemplares que llegó de España en marzo y, este mes, se reimprimieron 3 mil más ya en México.
Lo importante, sin embargo, no está en las cifras, sino en el fenómeno que la novela entraña.
“Lo que siento es como que se está haciendo una catarsis colectiva, porque muchísimas mujeres creían que sólo les había pasado a ellas y eso les hacía cargar con todavía más vergüenza”, concluye Solla Sobral.
“Entonces, sentir que no están solas en esto, no sólo como víctimas, sino que hay muchas mujeres que las entienden, y hombres también, y que entienden y arropan a Marina, hacen que ellas se sientan también arropadas, y es muy bonito”.