DE LA ADVERSIDAD A LA ÉLITE DEL BALLET

Agencia Reforma
Monterrey, NL 29 abril 2026.- La danza cambia vidas.
Esta máxima la ha experimentado en carne propia el prestigioso bailarín, coreógrafo y director artístico cubano Carlos Acosta (La Habana, 1973), ex primer bailarín del Royal Ballet de Londres y quien ostenta el título de Comendador de la Orden del Imperio Británico otorgado por la Reina Isabel II.
“Me cambió la mía”, reflexionó ayer en entrevista, tras un conversatorio privado en el Teatro de la Ciudad al que asistieron, principalmente, estudiantes de la Escuela Superior de Música y Danza de Monterrey.
“La vida mía era… tremendo. A veces me pongo a pensar qué iba a ser de mi vida si yo no hubiera conocido el ballet.
“Yo hubiera sido un delincuente. Yo ya andaba en esos rumbos ya, de la delincuencia, robando y no sé qué. Y llegó el ballet y me dio disciplina, pude creer que yo podía cambiar mi vida, mi rumbo”.
La Acosta Dance Foundation, que el artista inició en 2011 y que tiene su sede en Londres, Inglaterra, es la invitada especial en la gala que el Patronato de la Escuela Superior de Música y Danza de Monterrey ofrecerá hoy en la Gran Sala del Teatro de la Ciudad.
Se anunció que habrá 75 bailarines en escena y coreografías de ambas instituciones, las cuales iniciaron una alianza este año.
Cuenta que, tras crecer en una familia muy pobre, ahora habla español, inglés e italiano, si bien ha perdido práctica en este último idioma, que aprendió durante sus dos años de estancia previos al Prix de Lausanne, en el que obtuvo la medalla de oro en 1990, con apenas 16 años.
Esa cercanía con la escasez lo motivó a incluir programas comunitarios en su centro dancístico, con alumnos de las favelas de Brasil y comunidades desfavorecidas de Cuba, Venezuela y Colombia.
Además, hay cursos intensivos de verano, programas de residencia, cursos coreográficos y campamentos de verano.
Acosta se formó en la tradición de la Escuela Cubana de Ballet, de gran arraigo en México, impulsada por la tríada de Alicia, Fernando y Alberto Alonso a mediados del siglo pasado.
Muchos bailarines y coreógrafos se detienen en su carrera al retirarse de las tablas. Acosta no. Se describe como un entusiasta de la danza y admite que “vive para la danza”.
Sobre el legado que pretende dejar mediante la Acosta Dance Foundation señala:
“(Mi legado) es tratar que la danza esté viva, latente, que continúe dándole placer a muchas generaciones venideras, entonces todo lo que yo pueda aportar sensibilizando a las personas, creando una audiencia todavía más ecléctica desde la perspectiva que la danza es el centro de todo lo que hacemos.
“Yo soy uno de los que continúa predicando esa filosofía y esa actitud para que la danza esté mejor parada. Ese es el legado mío: lo relacionado con la danza y con aquellos que estamos peleando porque la danza sea relevante, y vista también para los gobiernos, como un pilar esencial del ser humano”.
Que eligiera el verbo “predicar” tiene un significado. Para Acosta, hay algo casi religioso en la relación del cuerpo y la mente con la danza.
“Es una relación de mente contra cuerpo, en el cual pones incluso tu salud a beneficio de otros, y entonces, desde esa perspectiva, tienes ese punto muy profundo que puede interpretarse como religioso”.
Recuerda que los ancestros bailaban a los dioses para que lloviera y así tuvieran un cultivo fértil. De ahí que conciba a la danza como lo más natural, a través de lo más visible para los seres humanos: el cuerpo.
Sin la danza, agrega, el mundo sería pobre.