Pedro Peñaloza

Dos estampas del otro México

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Pedro Peñaloza

 

No hay sociedad floreciente y feliz,

Donde la mayoría de sus miembros

son pobres y miserables.

 

Adam Smith.

 

 

1. La demagogia y el dinero en la coladera. El informe de la cuenta pública de la Auditoria Superior de la Federación (ASF) nos muestra cifras que contrastan con las caras alegres de la clase política y de la burguesía depredadora. Veamos: Aún con 12 años, dentro del programa Oportunidades, una de cada cuatro familias beneficiarias, presentó carencias por acceso alimentario y una de cada tres no salió del círculo intergeneracional de la pobreza, objetivo principal de la estrategia; además, para 2013, hubo carencia de indicadores para saber si se cumplió este fin, correspondiente al primer año de la actual administración.

 

Así mismo, apunta el informe, en 2013, la coordinación del programa, que cambio de nombre y paso a ser Prospera, careció de indicadores suficientes para evaluar el cumplimiento del objetivo de contribuir a la ruptura del ciclo intergeneracional de la pobreza, en términos de la transmisión de ésta entre generaciones. Un elemento importante fue la recertificación, la cual consiste en evaluar la situación socioeconómica de las familias beneficiarias después de recibir los apoyos del programa durante cierto periodo, con el fin de determinar su permanencia y actualizar el padrón de beneficiarios.

 

El reporte precisa que se identificó que 25.5% de las familias beneficiarias, incluso con 12 años de intervenciones del programa, presentó carencia por acceso a la alimentación, con inseguridad alimentaria moderada o severa. Un elemento revelador de los límites de la política social del régimen, lo es el hecho que de acuerdo con una encuesta representativa de los beneficiarios que aplicó la ASF, entre 38.15% de los hogares, los hijos que habían formado nuevas familias se convirtieron en beneficiarios titulares, por lo cual se mantuvo la cadena intergeneracional de la pobreza. Sumado esto, 63 de cada 100 familias con integrantes en edad de haber concluido la educación media superior, no registró la conclusión de ese nivel educativo, pese a llevar 12 años dentro de la estrategia.

2. Desempleo e informalidad: una estampa de la descomposición social. Más allá de los desplantes de impacto mediático, las cifras muestran el otro México exorcizado por el grupo gobernante. Examinemos: México, seguido de Guatemala, Honduras, El Salvador y Perú, son los 5 países de América Latina con las mayores tasas de informalidad en el continente (Panorama Temático: Transición a la Formalidad en América Latina y el Caribe. Elaborado por la OIT). Aquí se sostiene que México está entre las economías con más informalidad de toda América Latina. Las cifras de la OIT indican que la tasa de informalidad en nuestro país es de alrededor de 58% de la PEA; en Guatemala alcanza 77.7; El Salvador, 72.2; y Honduras. 74.9%. En tanto, en Brasil la tasa de informalidad es de 37.8% y en Uruguay 32.5.

 

En México, 77.8% de los trabajadores de la construcción son informales, así como 65.5% de quienes laboran en restaurantes y hoteles; 41.5% de quienes se desempeñan en la industria manufacturera; 16.7 de los que están en la explotación de minas y canteras y 54.8% de los trabajadores del rubro del transporte en general.

El reporte resume, que el 58% de la PEA está en la economía informal en diversas modalidades, incluso hay quienes se ubican en el llamado «subempleo del subempleo», esto es, quienes laboran contratados por un patrón también informal.

Epilogo. ¿Alguien, con una pequeña dosis de vergüenza, puede sostener que la estructura económica del país está basada en la equidad? ¿Pueden existir argumentos que defiendan esta depredación socioeconómica? Pues sí, hay quienes desde el poder emiten vómitos verbales que subestiman esta realidad.

pedropenaloza@yahoo.com

Twitter: @pedro_penaloz

 

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