EL CAFÉ Y SU DEVENIR EN COATEPEC
El Regional Coatepec 24 de junio de 2025
EL CAFÉ Y SU DEVENIR EN COATEPEC
Rafael Rojas Colorado
Cierta tarde que visité
a mi amigo Avelino Hernández, amablemente me obsequió su reciente libro
titulado “El Café y su Devenir en Coatepec”. Al llegar a mi casa abrí sus
páginas y comencé a leer. Una lectura amena y de matices poéticos, exaltando la
flora y el vergel donde crece el café que da identidad a Coatepec;
inmediatamente nos trasporta a los extensos y virginales cafetales que
abrazaban cálidamente a este pueblo de muchos campesinos, jornadas de folclor
en la siembra y la cosecha, días de amor, trabajo y alegría armonizando en las
fincas que se extendían hasta donde las montañas no permitían pasar a la vista.
El texto se divide en dos partes, la
primera nos abre una puerta al pasado, es decir a la niñez de Avelino, siempre
muy cerca de la abuela Pastora, quien amaba a su nieto. Apenas un duende en el
seno de la niñez observaba su entorno; a él llegaban los aromas, y olores de la
leña, el ocote, las llamas de colores que se asomaban debajo del comal mientras
calentaba las tortillas. Respiraba el aire del campo, sus frutos, los espíritus
que cuidan el bosque y, por supuesto el café que pendía de las matas con el
color de los cerezos. En plena niñez estos aromas se fueron adhiriendo a sus
fosas nasales y paladar, comenzando a sensibilizar las glándulas degustativas.
Comenzó inocentemente a diferenciar un aroma de otro, un olor de otro más, los
sabores, y así, sucesivamente, se fue desarrollando su capacidad que
perfeccionaría en futuras prácticas. Las raíces de su origen ligadas a la vida
rural y campirana se despertarían ampliamente al estar en contacto con las
labores del café, así nació un catador del aromático coatepecano forjado en
años de trabajo y experiencias, cuyo conocimiento ha trascendido las fronteras
de los pueblos del estado de Veracruz y mucho más lejos.
La
segunda parte hace evocar algunos pasajes bíblicos, por ejemplo, la barca de
Noé en la que soportó el diluvio y después de cuarenta días y noches, la vida
despertó y todo volvió a florecer. De manera alegórica, del cráter del volcán
Nauhcampatépetl –Cofre de Perote–, una mítica barca con dioses y ofrendas,
descienden por una vena de aguas cristalinas en busca de la lluvia y verdes
bosques, profetizando que esta tierra es fértil para la siembra, así las aves
se encargaron de propagar por toda la región el espíritu del café. Avelino,
poéticamente entrelaza su narración con la fauna y la flora, con el viento, la
niebla, el sol y los espíritus del campo que son los que resguardan desde lo
invisible el proceso vegetal de la cosecha en esta tierra sagrada.
Los
fragmentos poéticos son breves, pero muy gratos, nos introducen en el corazón
de la naturaleza para conocer los secretos que el campo esconde, pero vigila
que todo permanezca en armonía. Lo cierto es que al penetrar en esos senderos
el encanto que allí predomina no se desea abandonar por ningún motivo, solo el
punto final nos regresa a la realidad.
El
ingenio literario de Avelino Hernández generó la idea mostrar cómo se proliferó
el café en Coatepec de una manera metafórica, tal vez alegórica a través de las
letras e imágenes, creando un camino perfumado de los aromas que exhalan los
bosques por el que llegó la semilla a esta tierra; y aunque la realidad del
camino que proviene el grano es otra, esta historia la hace suya el lector,
simplemente por ser una lectura muy sutil, escrita por un ser humano por cuyas
venas circula la esencia del café.
Edición: Olivia Guarneros, Luis Gastélum, Nacho
Marcué.
El libro está bellamente ilustrado por el
artista coatepecano: José Porfirio Luis Rizo.
Diseño Editorial: Sonia Aimé Bonilla Polanco
rafaelrojascolorado@yahoo.com.mx