EL GRAN ENOJO DE LOS DIOSES
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EL GRAN ENOJO DE LOS DIOSES

René Sánchez García

El gran dios Tatewari, dios del fuego, convocó a una fiesta a todos los dioses para tratar temas de suma importancia para decidir el destino de la tierra y la vida en ella. El tema central era que la vida en la tierra estaba en grave peligro por culpa del ser humano, sin embargo, para hacerse escuchar, necesitaban de la fe de los habitantes de la tierra. Los pueblos habían perdido el vínculo por completo con sus dioses, no hacían oraciones, no ofrendaban, no visitaban lugares sagrados y tampoco sabían cómo hacerlo.

Tatewari, drásticamente dijo que había que destruir a todo ser vivo y comenzar nuevamente, a lo que Tatel Haramara contestó que no era necesario, pues la tierra sólo necesitaba un equilibrio para ser cuidada, y al ser la diosa de la fertilidad no permitiría la extinción de la vida. Tayau, el dios sol, dijo que no intervendría, pues mencionó que él tenía que estar enfocado a dar equilibrio a todos los planetas y no sólo a la tierra.

Mientras tanto, cada uno de los dioses allí reunidos iba tomando una postura frente a tal problema, de esta manera se crearon dos bandos, uno a favor de la vida y otro en contra. Después de que cada uno expuso sus razones, se llegó al acuerdo, que como primer momento iban a dar un tiempo para que el ser humano modificara sus acciones. Los dioses al no poder establecer un vínculo efectivo con los habitantes, comenzaron a generar señales para comunicarse.

Por eso las lluvias incesantes que inundan ciudades completas, por eso las olas de calor que matan a miles alrededor de todo el mundo, por eso los tsunamis, por eso los temblores, por eso los tornados, por eso los huracanes. Todas sus acciones no surtieron efecto alguno en los humanos. Los dioses tristes y desilusionados de su creación, decidieron volcarse en un interminable juicio hacia los humanos. Se dice que, al terminar su acalorada discusión, emitirán un veredicto final. Por eso los truenos y relámpagos, pues son los gritos de los dioses que deciden el futuro de la humanidad en la tierra.

Las señales continuarán hasta que cada persona tome conciencia de su lugar en el cosmos. Cuando en algún punto de la vida del ser humano observe un venado, el águila, el colibrí, el hikuri, los peces, el sol, las estrellas, la luna, la lluvia, el fuego, ciertamente verá el rostro de los dioses que le dirán que cuide la vida en la tierra.

Así como todo comienza como un espiral divino, la proporción áurea, esa divina proporción que nos dice que todo ciclo comienza y termina hasta el infinito”. Tal fue el desapego del culto a los dioses, que el ser humano comenzó a controlar la naturaleza para su propio beneficio sin tomar en cuenta los designios sagrados.

(Tomado de: Tapia Cruz, Yarelli. “Encuentro con Tatewari”, en: El plumaje del tahúr. Antología de Literatura Mexicana (Alberto Vargas Iturbe, Compilador), México, 2016, Ed. Friadura, pp. 27, 28.