EL GRAN ENOJO DE LOS DIOSES
El Regional Coatepec 10 de julio de 2025
La otra versión:
EL GRAN ENOJO DE LOS DIOSES
René
Sánchez García
“El
gran dios Tatewari, dios del fuego, convocó a una fiesta
a todos los dioses para tratar temas de suma importancia para decidir el
destino de la tierra y la vida en ella. El tema central era que la vida en la
tierra estaba en grave peligro por culpa del ser humano, sin embargo, para
hacerse escuchar, necesitaban de la fe de los habitantes de la tierra. Los
pueblos habían perdido el vínculo por completo con sus dioses, no hacían
oraciones, no ofrendaban, no visitaban lugares sagrados y tampoco sabían cómo hacerlo.
Tatewari, drásticamente
dijo que había que destruir a todo ser vivo y comenzar nuevamente, a lo que
Tatel Haramara contestó que no era necesario, pues la tierra sólo necesitaba un
equilibrio para ser cuidada, y al ser la diosa de la fertilidad no permitiría
la extinción de la vida. Tayau, el dios sol, dijo que no intervendría, pues
mencionó que él tenía que estar enfocado a dar equilibrio a todos los planetas
y no sólo a la tierra.
Mientras tanto, cada uno
de los dioses allí reunidos iba tomando una postura frente a tal problema, de
esta manera se crearon dos bandos, uno a favor de la vida y otro en contra.
Después de que cada uno expuso sus razones, se llegó al acuerdo, que como
primer momento iban a dar un tiempo para que el ser humano modificara sus
acciones. Los dioses al no poder establecer un vínculo efectivo con los
habitantes, comenzaron a generar señales para comunicarse.
Por eso las lluvias
incesantes que inundan ciudades completas, por eso las olas de calor que matan
a miles alrededor de todo el mundo, por eso los tsunamis, por eso los
temblores, por eso los tornados, por eso los huracanes. Todas sus acciones no
surtieron efecto alguno en los humanos. Los dioses tristes y desilusionados de
su creación, decidieron volcarse en un interminable juicio hacia los humanos.
Se dice que, al terminar su acalorada discusión, emitirán un veredicto final.
Por eso los truenos y relámpagos, pues son los gritos de los dioses que deciden
el futuro de la humanidad en la tierra.
Las señales continuarán
hasta que cada persona tome conciencia de su lugar en el cosmos. Cuando en
algún punto de la vida del ser humano observe un venado, el águila, el colibrí,
el hikuri, los peces, el sol, las estrellas, la luna, la lluvia, el fuego,
ciertamente verá el rostro de los dioses que le dirán que cuide la vida en la
tierra.
Así como todo comienza
como un espiral divino, la proporción áurea, esa divina proporción que nos dice
que todo ciclo comienza y termina hasta el infinito”. Tal fue el desapego del culto a los dioses, que el ser humano comenzó a
controlar la naturaleza para su propio beneficio sin tomar en cuenta los
designios sagrados.
(Tomado de: Tapia Cruz,
Yarelli. “Encuentro con Tatewari”, en: El plumaje del tahúr. Antología de
Literatura Mexicana (Alberto Vargas Iturbe, Compilador), México, 2016, Ed.
Friadura, pp. 27, 28.