Crónica Coatepecana

El legado de don Miguel Ángel Quijada Soto

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Dr. Jesús J. Bonilla Palmeros

Cronista de la ciudad de Coatepec

 

A un año de su desaparición física, vienen a la memoria los gratos recuerdos de nuestra visita a la casa-museo de don Miguel Ángel Quijada Soto, entrañable amigo quien junto con su estimada esposa la Mtra. Nora Angélica López Delgado, nos recibieron muy amablemente en su hogar. Espacio donde los artistas del lente Luis Quevedo Utrera, Marcos Acecha y un servidor, nos dimos a la tarea de admirar la pequeña colección de materiales arqueológicos de la zona de “Campo Viejo”. Colección que era un orgullo de don Miguel Ángel, y a la vez un referente del gran cariño e interés que sentía por la comunidad de “Campo Viejo”, cuyo patrimonio arqueológico siempre trató de mantener a mejor resguardo, y sobre todo la promoción de las importantes evidencias de un pasado muy temprano.

A un lado de la puerta principal en pleno jardín, se encontraba la pequeña imagen de un batracio en piedra, ejemplo de las esculturas manufacturadas en el Clásico tardío (600 – 900 d. C,) por la sociedad indígena que habitó “Campo Viejo”, y a la vez referente de las asociaciones simbólicas que establecieron estos grupos, entre los batracios y el culto al agua.

Dentro de la casa-museo lo primero que resaltaba, eran los exhibidores en madera con un significativo muestrario de los materiales culturales de la zona, en sí pequeñas piezas que habían sido encontradas de manera fortuita tanto en los cañales como en las fincas de la localidad.

El acervo era pequeño pero muy significativo, se integraba por fragmentos de representaciones cefalomorfas, cuerpos y extremidades, que en conjunto nos remiten a épocas muy tempranas anteriores a era cristiana, y sobre todo son claras evidencias de antiguos cultos agrarios como lo denotan los fragmentos de representaciones femeninas, cuyos vientres abultados, revelan la serie de analogías simbólicas que establecieron los grupos indígenas entre el periodo de gestación y el ciclo agrícola.

En otro exhibidor se encontraban dispuestas en riguroso orden, todas las piezas que evidencian el desarrollo de la industria lítica, algunas de ellas manufacturadas en piedra tallada como los fragmentos de yugos (piezas asociadas con el juego de pelota), piedras de molienda, un molcajete, y no podían faltar los fragmentos de navajillas de obsidiana, puntas de proyectil y lascas (desecho de talla), a manera de evidencias del amplio trabajo que se desarrolló en la época prehispánica, en lo referente al tallado y/o pulido de piezas líticas.

Muchas veces utilizamos las evidencias materiales del pasado, en el registro del devenir histórico de una sociedad, pero pocas son las veces en que sabemos de todo el trabajo, la disposición y la canalización de recursos para la salvaguarda de importantes evidencias, específicamente por parte de los diversos actores sociales, que con una visión a futuro, sopesan el valor histórico y cultural del patrimonio material e inmaterial. Vaya nuestro reconocimiento a la obra del estimado Maestro Miguel Ángel Quijada Soto.

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