Especial

Fealdad

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Juan A. Morales

 

—Buenas noches Don Altéotl. ¿Por qué me citó a esta hora en el parque?

— No me lo va a creer Señorita Miriam, pero ya tengo noticias de nuestro buen amigo Axayácatl, por fin regresó. ¡Claro que en unas condiciones deplorables!; pero al menos regresó. Fíjese que me preguntó ayer —como si yo supiera todo en cuanto a usted— ¿Cuál sería su opinión respecto a lo feo? Naturalmente le dije que no puedo hablar por usted; pero ante su insistencia me vi forzado a citarla, tan sólo para preguntarle: ¿Qué opina de la fealdad?

— ¿De lo feo? ¿Qué puedo opinar? Verá, lo feo existe gracias a que existe lo bello. Es una relación dialéctica, ¿sabe? Lo feo es necesario. De lo contrario, ¿cómo podríamos distinguir lo hermoso? O ¿cómo podríamos medir la belleza? Porque la belleza y la fealdad se miden, tienen sus grados. Por ejemplo, no es lo mismo bonito, lindo, hermoso, bello, precioso, guapo, adonis o la beldad. Nuestro amigo Axayácatl, por ejemplo, es una linda persona, pero no tiene ningún atributo de los anteriores. Usted mismo posee un nombre harto raro: Altéotl, pero de un significado maravilloso: «Agua divina”. Y el de Axayácatl que significa “El rostro de agua”, también es lindo…

—Pero de los animales, ¿qué opina de los animales?

—Los animales son muy hermosos, bueno algunos. El elefante es magnífico, representa el poder. La jirafa la elegancia, el zorro la astucia, la gacela la agilidad, el ciervo la pureza, la serpiente… PELUKIDS

—El sapo. ¿Qué opina del Sapo?

—El sapo representa lo feo.

— ¿No le gusta?

— ¡Para nada!

—Y el arte. ¿Qué opina del arte?

—El arte —Don Altéotl— es la liberación del espíritu. Es la contemplación que nos acerca a Dios, al prójimo, al…

— ¡Perdón! Me refiero al arte de la magia, a las pócimas y conjuros, a…

—No me vaya a salir con la brujería… ¿O, sí? Porque eso no es arte. Eso es horrendo.

— ¿Y del príncipe encantado?

— Boberías. ¿A quién se le ocurre que una dama, que una princesa agraciada, pueda besar un sapo? Pero dígame, ¿a qué viene tanto interrogatorio?

—No. Bueno, sí. En realidad… Verá… Nuestro amigo Axayácat siempre ha deseado agradarle a usted, parecerle interesante. Ya ve que a pesar de que trabaja va a la universidad, ya casi es filósofo, aunque reconoce que con esa licenciatura no pasará de ser profesor de preparatoria, pero se esmera. Hace un mes mi amigo contrató a un brujo Sanandrescano para que le enseñara a hacer brebajes, eso para mejorar su aspecto; pero, bueno, creo que no aprendió bien su lección, ya sabes, eso es cuestión de práctica, ¿no?

— ¿Qué trae en esa cajita tan bellamente labrada en caoba? ¡Por Dios! ¿No me diga que trae un asqueroso batracio? ¡Cierre esa caja! ¡Aviente esa porquería a donde no la vea!

—Lo siento amigo. Hice cuanto pude. ¡Tú mismo la escuchaste! No soporta a los sapos. Ahora Axayácatl, salta. Vete. Aprovecha la oscuridad y anda a lamentar tu desgracia.

— ¿Pero qué hace? No. Don Alteótl, por favor no lo haga…

—Vera señorita, a usted no le gustan los sapos, pero a él sí le gustan las ranas.

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