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Sáb, 1 ago

GRAFFITI EN ESCULTURA CAUSA INDIGNACIÓN

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Bajo la premisa de una provocación visual, la alteración de una réplica del

escultor Federico Silva, apela a la creatividad y las nuevas formas de atraer públicos, pero

también genera discusión por la modificación al arte bajo el pretexto de “intervención”.

En un intento por generar conversación en torno al recinto, el Museo Federico Silva optó por

una arriesgada estrategia de provocación visual. Lo que inicialmente fue percibido como un

acto de vandalismo contra la célebre pieza “Tótem”, del escultor Federico Silva, resultó ser

una intervención que la llenó de colorido por el dia de los Muertos.

El creador de murales conocido como “Jover”, inició la maniobra grafiteando con libertad y

sin que ningún policía municipal se lo impidiera, la palabra “Espínate”, a modo de

advertencia sobre el proyecto que estaba por develarse, ahí en la explanada del Museo

Federico Silva, en el jardín de San Juan de Dios.

La pieza intervenida incorporó aros con espinas sobre la mirada de la figura, contrastados

con una paleta de colores con tonos naranja, amarillo, rosa, azul y blanco que terminaron

borrando el grafiti.

Sin embargo, la efectividad del mensaje quedó opacada por la confusión y la molestia inicial

entre ciudadanos y comentarios vertidos en las redes sociales del artista, abriendo un

debate sobre si el valor de la expectativa justifica el uso de tácticas que rayan en la ofensa

sobre la integridad del patrimonio cultural.

El artista cuenta con antecedentes de colaboración con la institución y experiencia en el

muralismo urbano, pero no logró blindar a la estrategia de la polémica. Si bien la

intervención buscaba un puente entre la tradición escultórica y las corrientes urbanas, la

falta de contexto provocó que la frontera entre el arte y el deterioro estético resultara

peligrosamente borrosa.

Esta clase de dinámicas expone la gestión cultural actual del director del recinto, Antonio de

Rabinal Gamboa, e identificado por muchos como el poder detrás de la silla del secretario

de Cultura, con la búsqueda obsesiva de impacto inmediato frente al rigor que requiere la

mediación artística.

Promover dinámicas basadas en la alerta previa sin un respaldo claro corre el riesgo de

banalizar el arte y reducirlo a un simple espectáculo mediático.

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