INSTANTES, MOMENTOS, SUCESOS E HISTORIAS

René Sánchez García
Todos los seres humanos estamos llenos de miles y miles de instantes, que por su acumulación no los podemos recordar en su totalidad. También de momentos, importantes o no, pero que forjan carácter y conciencia. Al igual que un sinnúmero de sucesos personales y colectivos que construyen historias. Con este cúmulo amplio de actos de vida de todo tipo, podemos decir que somos parte del cosmo y el universo.
Con todos estos instantes, momentos, sucesos, más lo que creamos mediante el diálogo, la imaginación, la creatividad y la razón, estaremos listos para escribir historias de vida en cualquier lugar o momento de nuestra existencia. Si a estos relatos personales le agregamos documentos escritos, fotografías y todo aquello que respalde veracidad de lo dicho con la palabra hablada, entonces vamos por el camino correcto.
Esto sucede con la nueva publicación de mi amigo Fernando Meza en: Polvo en el horizonte. La historia de un niño fronterizo (México, 2023, s/e, 337 p.) que circula ya en los medios culturales. Se trata de un buen trabajo de recopilación de los sucesos vividos por el autor, desde su niñez, hasta su llegada a la actual Ciudad de México. Además de narrar infinidad de actos de vida cotidiana, es, ante todo, un mosaico inacabable de aventuras infantiles y juveniles.
Como cualquier recuerdo, todo inicia desde su pueblo natal, su familia en la que nació, la agricultura de campo como trabajo diario, sus escuelas y compañeros, sus amigos y las travesuras, la dura condición de rural o de rancho, su afán por la cacería animal, la pizca del algodón, su amor a la música roquera, su primer acercamiento a la hierba verde, sus libros y lecturas preferidas. Termina esto con la narración de un viaje inolvidable a la ahora CdeM, junto con unos de sus hermanos, donde quedan sorprendidos por toda la modernidad que allí existe, diferente a lo rural de la zona norte de nuestro país.
El libro Polvo en el horizonte. La historia de un niño fronterizo, de Fernando Meza, no es la acumulación narrativa de malos recuerdos, tristezas, sufrimientos, etc. Todo lo contrario, son vivencias de amor a su tierra que lo vio nacer, al trabajo duro de campo, a la convivencia con su gente, pero sobre todo a esa unión familiar que lo ha hecho fuerte. Es una historia distinta, no de ciudad, sino de un pueblo fronterizo, donde el calor, la aridez y el polvo son una admirable belleza eterna. Ese lugar rural del norte de México (Tamaulipas) casi pegado a la línea divisoria del territorio gringo y cercano al río Bravo, mismas que son su raíz, junto con todo ese bagaje cultural tan particular y especial. Todo lo que es hoy en día mi amigo Fernando Meza se encuentra precisamente allí en esas tierras.
Ese cúmulo de observaciones diarias y vivencias diversas, hicieron posible más tarde, volcarlas en su profesión y amor a las bellas artes que desarrolló en la Unidad de Artes de la Universidad Veracruzana como docente, investigador y difusor cultural (aparte de ser todo un buen lector y escritor) en las ramas de la pintura, escultura y fotografía. En la lectura de su libro descubriremos, sin duda alguna, los orígenes de su pasión de vida, pero también toda esa conformación sensible y entrega por las ARTES como un verdadero compromiso eterno.