LA CURUL NO ES CORTESÍA; LA DIETA NO ES BECA Y EL QUÓRUM NO ES OPCIONAL

Por José Luis Enríquez Ambell
En política, como en la vida pública, hay mensajes que no necesitan demasiado adorno: “cuando el reclamo llega al bolsillo, todos entienden”.
Eso parece estar ocurriendo en el Congreso de Veracruz, donde el Presidente de la Junta de Coordinación Política, Esteban Bautista Hernández, lanzó una advertencia que, aunque suena a regaño interno, tiene fondo Legislativo: a las diputadas y a los diputados que falten, abandonen la sesión o ayuden a romper el quórum, se les descontarán sus ingresos.
Dicho en corto: ya no bastará con pasar lista, salir en la foto, mandar boletín y después irse a hacer territorio o nada.
La advertencia tiene base jurídica. No es ocurrencia ni bravata de pasillo del legislador sureño. La Constitución Política del Estado de Veracruz, en su artículo 27, establece que cuando las diputadas o diputados falten a tres sesiones consecutivas, sin causa justificada o sin permiso de la Presidencia de la Mesa Directiva, se entenderá que renuncian a concurrir hasta el periodo siguiente y deberán llamarse de inmediato a sus suplentes.
Es decir: la ausencia reiterada no es un detalle menor. Puede tener una consecuencia no sólo política, sino constitucional.
Pero además, la Ley Orgánica del Poder Legislativo del Estado de Veracruz también pone orden. Su artículo 17, fracción I, establece como obligación de las diputaciones asistir y, en su caso, votar en las sesiones del Congreso, de la Diputación Permanente o de las comisiones legislativas permanentes o especiales de las que formen parte.
Ahí está el primer punto: asistir no es cortesía política; es una obligación legal.
Y viene el segundo: el propio artículo 17, fracción XI, de la Ley Orgánica dispone que las diputadas y diputados serán sancionados por la Presidencia de la Mesa Directiva con el descuento proporcional de la dieta mensual que les corresponda cuando, sin causa justificada o sin permiso, incurran en inasistencia u ocasionen falta de quórum para sesionar.
Por eso, jurídicamente, el tema no debe plantearse como un simple “descuento de salario”. En estricto sentido legislativo, lo que la ley permite descontar con claridad es la dieta parlamentaria, y debe hacerlo la Presidencia de la Mesa Directiva, no la Junta de Coordinación Política por sí sola.
La JUCOPO puede ordenar políticamente la casa, construir acuerdos, llamar al orden y fijar líneas de disciplina interna. Pero la sanción económica, si quiere ser jurídicamente sólida, debe caminar por el cauce correcto: el registro de asistencia, la constancia de inasistencia o abandono, la verificación de si hubo causa justificada o permiso, la determinación formal de la Presidencia de la Mesa Directiva y la ejecución administrativa por la instancia correspondiente.
Porque en términos del derecho legislativo y parlamentario, la forma también es fondo.
Y todavía hay más. El Reglamento para el Gobierno Interior del Poder Legislativo de Veracruz, en su artículo 16 Bis, aterriza la mecánica: a las diputaciones que falten injustificadamente o sin permiso no se les cubrirá la dieta correspondiente a las sesiones en que hubiesen estado ausentes. Incluso prevé que, para efectuar el descuento, la Tesorería divida la dieta de cada diputada o diputado entre el número de sesiones celebradas durante el mes.
Es decir: la ley sí permite pegar en la dieta, pero no de cualquier modo.
Y ese detalle importa.
Porque en Veracruz, como en buena parte del país, muchos legisladores han entendido la curul como plataforma y no como responsabilidad. Algunos ya están pensando en 2027; otros caminan sus distritos con ánimo de candidatura; otros se mueven entre partidos, grupos y cálculos. Pero mientras hacen cuentas electorales, las sesiones se caen, los debates se empobrecen y la representación popular se vuelve intermitente.
Y no debería serlo.
Un diputado no cobra por asistir cuando quiere. Cobra porque representa. Cobra porque vota. Cobra porque debate. Cobra porque sostiene el quórum que permite funcionar al Poder Legislativo. Si se ausenta sin causa, no sólo incumple una agenda; debilita a una institución, nada más y nada menos que al Congreso del Estado.
Por eso la inasistencia legislativa no es una simple travesura administrativa ni una ocurrencia del diputado Esteban Bautista. Puede convertirse en una forma de sabotaje legislativo. Si se rompe el quórum, no sólo se cae una sesión; se paraliza la función constitucional del Congreso. Y si la ausencia se usa para impedir que la oposición hable, entonces el problema ya no es sólo de asistencia: “es de cultura democrática”.
Porque escuchar a la oposición no es concesión. Es parte del oficio parlamentario.
También hay una lectura interna. El mensaje no fue únicamente para el adversario. Fue, sobre todo, para los propios. En Morena, donde la mayoría legislativa da comodidad, también hay dispersión. Y cuando una bancada mayoritaria empieza a tener fugas, ausencias o hasta salidas tácticas, el liderazgo legislativo tiene dos opciones: tolerar el vicio o empezar a cobrarlo.
Bautista eligió lo segundo, y debe reconocerse el mensaje de disciplina y gobernabilidad al interior del Congreso.
Ahora bien, para que la medida no se convierta en garrote político, debe aplicarse parejo. Si se aplica sólo al opositor incómodo, será vendetta. Si se aplica sólo al diputado rebelde, será control interno. Si se aplica a todos, con registro, fundamento, motivación y determinación formal, será disciplina parlamentaria.
Esa es la diferencia entre un acto de autoridad y una simple ocurrencia.
También hay que decirlo con precisión: si se pretende extender la sanción a apoyos legislativos, compensaciones, prerrogativas o conceptos distintos a la dieta, el Congreso deberá revisar con mucho cuidado sus lineamientos administrativos, acuerdos internos y reglas presupuestales. La Constitución, la Ley Orgánica y el Reglamento Interior dan soporte claro para el descuento proporcional de la dieta por inasistencia, pero cualquier afectación adicional requiere base normativa expresa, competencia clara y motivación suficiente, sin omitir la transparencia.
DE SOBREMESA
La medida puede ser correcta, pero también debe estar bien instrumentada.
Si el Congreso quiere mandar una señal de seriedad, no basta con anunciar descuentos. Tiene que documentarlos. Tiene que fundarlos. Tiene también que motivarlos. Tiene que hacerlos verificables. La Presidencia de la Mesa Directiva debe asumir su papel, la Secretaría General debe cuidar los registros y la Tesorería ejecutar sólo lo que jurídicamente proceda.
El fondo político es evidente. En Veracruz ya empezó a moverse el tablero rumbo a 2027. Hay legisladores que miran más hacia la siguiente candidatura que hacia la sesión en curso. Pero el Congreso no puede convertirse en sala de espera de aspirantes ni en pasarela de proyectos personales.
La representación popular exige presencia, no simulación.
Quien quiera hacer campaña, que la haga. Quien quiera buscar candidatura, que camine. Quien quiera competir, que compita. Pero no con cargo al quórum, no con cargo a la dieta y no con cargo a la paciencia ciudadana.
UN CAFÉ LECHERO LIGHT
La curul no es cortesía. La dieta no es beca. Y el quórum no es opcional, salgo que diputados y diputadas opinen lo contrario en Veracruz.
¡ES CUANTO!