
Octubre finalizaba
vi a la llorona
oscura era la noche,
más blanco que la luna
su vestido.
Parecido al de una novia
qué a contraer nupcias,
a la iglesia, se dirige.
¿cómo sucedió? No me lo explico,
pero iba detrás de sus pasos.
A la vera del río la llorona caminaba,
caminaba despacio.
Acelerado mi corazón, parecía prepararse
Para escuchar el lastimoso grito de la llorona.
¿dónde están mis hijos?
Erizada toda mi piel,
más seguía caminando detrás de ella
como un autómata;
a la orilla del río íbamos los dos,
seguía sin obtener respuesta el por qué la seguía,
solo iba unos pasos atrás.
Volví a pensar, Dios mío ¿A qué hora gritará?
pero no gritó.
Una dulce canción de sus labios escapó.
En mi vida jamás escuché notas más dulces
que esa melodía que cantaba la llorona.
El viento, suavemente, comenzó a soplar música.
Y cada vez, más inspirada, la llorona seguía cantando.
de sus hijos se olvidó por completo, fue lo que pensé,
porque más que gritar prefería cantar.
El río mudo su murmullo en un sonido
similar al que exhala el violín.
Todo estaba en perfecta armonía.
la noche ofrecía un solemne recital:
La música del viento, la del río
y la canción de la llorona.
¡Fui el único espectador!
Autor: Rafael Rojas Colorado.
rafaelrojascolorado@yahoo.com.mx