Especial

LA MARCHA DE LA LEALTAD

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                El general tapatío Bernardo Reyes, con 62 años encima (padre del poeta, ensayista, escritor, pensador mexicano Alfonso Reyes), el mismo que ansiaba heredar del dictador Díaz aquella silla de “la aguilota en la cabecera”, esa mañana de febrero, estaba  tendido en el suelo «ya dijunto». Los mocosos alumnos de la Escuela Militar de Aspirantes de Tlalpan, a los que sedujeron unirse al grupo de detractores en un estado de completa confusión, no pudieron con el paquete de acorazar al jefe Reyes.
                Los generales Félix Díaz y Manuel Mondragón, testigos de esta espeluznante escena, no tuvieron más remedio que acarrear sus tropas ─tal como lo habían planeado─ y refugiarse en el depósito de armas y municiones propiedad de la Nación, lugar conocido como La Ciudadela, prestos a jugarse el todo por el todo para degradar al legítimo presidente. Don Francisco I. Madero, enterado de todo ese quilombo, y una vez de que el Palacio Nacional estaba resguardado por sus tropas fieles, salió en chinga en brioso corcel del Castillo de Chapultepec, hacia el zócalo, escoltado y protegido por los jóvenes cadetes del Heroico Colegio Militar, en una gran acción que le llamó LA MARCHA DE LA LEALTAD. (Al día de hoy, el H. Colegio Militar, conmemora el aniversario de la Lealtad, como un ejemplo de disciplina y amor por la patria).
                El todavía presidente Madero, ya en el lugar de los hechos, notó que su fiel adalid Lauro Villar, estaba imposibilitado; inmediatamente nombró un sustituto para que se hiciera cargo de someter a los insurrectos, dándole el poder nada más y nada menos que al chacal de Huerta, que ya se lamía los bigotes con este ágape de postín (decía mi abuela: “dejó a la iglesia en manos de Lutero”).
                Al presidente lo primero que se le ocurrió fue trasladarse a Cuernavaca para traer un apagafuegos  que respondía al nombre de Felipe Ángeles, hombre probo, fiel, leal y de intachable proceder, que ni tardo ni perezoso estaba dispuesto  entrar en acción, para restarle fuerza a los malosos.
                Amigos, esta histerieta continuará, no sin antes recordarles lo que nos enseñó Mark Twain: “Lealtad al país siempre. Lealtad al gobierno cuando se lo merece”.
                ¡Ánimo ingao…!
                Con el respeto de siempre Julio Contreras Díaz.
                El DJ sigue muy contento con lo castrense.
               http://youtu.be/GQr_YrEVecw

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