Lesbianismo
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                                                                                                               René Sánchez García

Hasta hace muy pocos años atrás, la sociedad tradicionalista calificaba de una conducta indebida, el hecho de observar por la calle o en reuniones, a dos mujeres caminando solas o platicando tomadas de la mano. Más aún cuando por circunstancias de una amistad sincera entre ellas, ambas se saludaran de beso. O bien por cuestiones de estudio, trabajo o viaje, pernotaran en un domicilio u hotel a fin de dormir juntas. Hoy en día, parece ser, estas actitudes, no parecen llamar la atención en cierta medida.

Hoy en día, gracias a los estudios profesionales de la conducta humana y la lucha que las mujeres han emprendido en el mundo a fin de defender sus derechos sociales, se dice que el lesbianismo es “la orientación sexual en la que una mujer siente atracción física, emocional o romántica hacia otras mujeres. Es una forma de homosexualidad femenina, basada en el amor y la atracción entre mujeres, y representa una orientación válida y diversa de la sexualidad humana”.

Desafortunadamente esta conducta femenina es aún considerada en algunos sectores sociales de la derecha, así como en algunas religiones bastante cerradas a los cambios, donde la consecuencia es el rechazo. Lo anterior debido a que aún vivimos dentro de un fuerte esquema, donde por siglos el hombre (o sea el varón masculino) ha dominado, conquistado y regido todos los espacios de vida, sin dar oportunidad o igualdad a las mujeres. En lo personal considero que la falta de información acerca de las diversas conductas humanas y las luchas sociales, son dos de los aspectos que abonan esta perspectiva machista.

Hoy les comparto algunas notas acerca de los orígenes del término llamado Lesbianas, aparecido en el libro De dónde viene. El lado oscuro de las palabras, de Arturo Ortega Morán (México, 2013, Ed. Lectorun, 186 p.), que a la letra dice: “En los años dorados de la cultura griega, allá por el siglo VI a.C., algo especial ocurrió en Lesbos, una isla en el mar Egeo. Ahí florecieron las artes y el pensamiento, y de entre los artistas de aquel tiempo destacó Safo, una brillante mujer de la que como manantial brotaba la poesía.

“Se cuenta que alrededor de ella se reunían decenas de mujeres que ahí compartían sus historias de amor y desamor para convertirlas –bajo la enseñanza de Safo-, en dulces versos que disfrutaban intensamente. En los himnos, odas y elegías que abundaron en la obra de Safo, hay homenajes a jóvenes que formaron parte de su séquito. Tan profunda fue la huella que esta mujer dejó en la cultura helénica, que después de su muerte fueron acuñadas monedas con su efigie y, 200 años después, Platón se refirió a ella como “la Décima Musa”-

Todo iba bien en la historia de Safo hasta que apareció Anacreonte, un poeta griego al que por lo visto le encantaba el chisme: sin tapujos, se dedicó a proclamar que la ternura con que escribía sus versos era prueba de que Safo había tenido relaciones amorosas con sus discípulas. El chisme prosperó y con el tiempo esta fama se extendió a todas las mujeres de la isla de Lesbos; así lesbiana se convirtió en palabra para nombrar a las mujeres que tienen preferencia sexualpor otras damas.

No hay más indicio de la homosexualidad de Safo que el chisme de Anacreonte, y si fue o no cierto ¡qué más da!, era su vida y sus circunstancias; lo grave fue por este prejuicio en el año de 1071 la Iglesia Católica ordenó que se quemara todo el legado de la poetisa hallado en Roma y Constantinopla. Así, tristemente, salvo un poema y algunos fragmentos, la obra de Safo se perdió. No obstante, en memoria de su historia se guarda en lesbiana, una palabra que nació de una isla, una historia y un chisme”.

sagare32@outlook.com