LOS CONFERENCIANTES: CUANDO EL TEATRO DESNUDA AL TEATRO

UN CAFÉ DESDE EL DIVÁN
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“A veces, para entender las tensiones humanas, basta mirar un escenario donde las máscaras caen sin necesidad de quitárselas.”

A lo largo de muchos años Xalapa se ha distinguido por tener una vida cultural vibrante y en ese sentido la Compañía Titular de Teatro de la UV (ORTEUV) ha hecho del nuevo recinto teatral de la Universidad Veracruzana “Estridentópolis” un espacio particularmente efervescente. Allí, pude asistir el pasado fin de semana a la puesta en escena Los Conferenciantes, una obra escrita y dirigida por Martín Zapata que, entre humor, ironía y confrontación, invita al público a pensar no solo en el teatro, sino en las dinámicas humanas que emergen cuando el ego y el poder se sientan a la misma mesa.

De entrada, la obra inicia con cuatro dramaturgos alrededor de una mesa redonda para discutir las tendencias del teatro contemporáneo y aquello que parecía un evento académico más, de manera casi inmediata se convierte en un pulso emocional y político donde los argumentos dejan de ser herramientas intelectuales para transformarse en armas simbólicas con destinatario incluido.

Escena tras escena, el público es testigo de cómo lo teórico y lo personal se entremezclan como dos ríos que no pueden evitar fusionarse, aun cuando sus respectivas corrientes apunten en direcciones distintas.

Me parece que la obra termina funcionando como un laboratorio del comportamiento humano que nos muestra cómo la identidad profesional puede volverse frágil cuando entra en contacto con la mirada del otro, cómo los grupos con puntos de partida aparentemente comunes pueden fracturarse ante la competencia, y cómo la legitimidad —ese capital tan valorado en los espacios culturales y académicos— puede tensarse hasta romperse cuando se disputa públicamente.

Esta tragicomedia funciona como un espejo sumamente incómodo, pues lo que podría ser una conversación entre especialistas es más bien un “balconeo” que provocan risas, si bien es cierto por el tono y trazo escénico que tiene cada diálogo, pero más aún porque Martín Zapata utiliza el humor como un bisturí con el que es capaz de abrir las capas más sensibles del gremio teatral y académico, exponiendo las contradicciones que siempres circulan en los pasillos, foros y aulas, permitiendo que el espectador observe lo que ocurre cuando las jerarquías, las envidias y las alianzas suelen mantenerse suben de escena.

El elenco de la ORTEUV —integrado por Raúl Santamaría, Tania Hernández, Maximiliano Madrigal, Katia Lagunes, José María Medina, junto a invitados como Rodrigo Vázquez y Martín Tadeo Zapata— ofrece interpretaciones precisas que oscilan entre el absurdo, la tensión y la vulnerabilidad. Cada personaje posee una voz particular, una manera de defender su visión del teatro y, sobre todo, una forma muy humana de confrontar a los otros. En esa diversidad de posturas, el público puede reconocer no solo al gremio teatral, sino a cualquier grupo donde el conocimiento y el poder se ponen en juego: universidades, comunidades académicas, colectivos culturales, instituciones profesionales.

Quienes trabajamos en espacios universitarios sabemos que el saber, lejos de ser un territorio neutral, suele estar atravesado por disputas de legitimidad: quién tiene la razón, quién define la verdad, quién “hereda” la tradición, quién representa el futuro (comienzo a recordar un par de reuniones recientes). Los Conferenciantes explora y exhibe la fragilidad narcisista del gremio intelectual ante la dificultad de aceptar el desacuerdo sin que éste se viva como ataque personal.

El diseño escenográfico de Félix Arroyo y el vestuario de Mario Marín del Río construyen un ambiente que evoca familiaridad y tensión simultánea: un espacio que parece académico, pero donde las palabras pesan más que una gran mesa o incluso más que un tren. El diseño sonoro de Joaquín López Chas acompaña el ritmo emocional del montaje, reforzando momentos de incomodidad, risa o estallido dramático. Todo está calculado para recordarnos que lo que vemos no es solo teatro: es una reflexión sobre la condición humana.

Como experiencia, Los Conferenciantes ofrece algo poco común: entretiene mientras incomoda, hace reír mientras invita a pensar. Y en un momento donde la polarización domina el discurso público, esta obra propone una autocrítica inteligente y necesaria: ¿qué hacemos cuando el ego toma la palabra antes que las ideas?

Estridentópolis, como recinto universitario, se vuelve el espacio ideal para este tipo de propuestas críticas pues ahí, tanto estudiantes, docentes y público general pueden encontrarse para pensar el teatro, la vida y en el caso de la universidad la academia.

Quien acuda a verla encontrará una obra que no busca dar respuestas, sino encender preguntas. Preguntas sobre el saber, el poder y la vulnerabilidad que todos compartimos. Preguntas que, con una buena taza de café, pueden acompañarnos mucho después de haber dejado la sala.

Nos leemos en el próximo Café desde el Diván.

Paulo César Soler Gómez

Correo electrónico: psoler@live.com.mx

Instagram: psic_soler