Especial

PRD: FRANQUICIA ROJA O PARTIDO AMARILLO

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Por: URIEL FLORES AGUAYO

 

 

 

En unos días el PRD llevará a cabo elecciones internas para elegir a sus consejeros en todos los niveles, en una elección indirecta que lo llevara, inmediatamente, a nombrar sus dirigentes. Que ese proceso electivo no sea directo ya es una contradicción con un partido que nació como una alternativa democrática y con una orientación de izquierda. La novedad es que parte de la organización de esa votación corre a cargo del INE, en un proceso muy costoso, 90 millones de pesos, y en una intentona legitimadora. Hay que reconocer que, desde hace mucho tiempo, las elecciones en el PRD son pura simulación; incluso los auto denominados demócratas son producto de vulgares rellenos de urnas.

 

 

 

Está por verse si la intervención del INE evita o, al menos, reduce sensiblemente, los actos fraudulentos que se han vuelto práctica normal en las filas amarillas. Las expectativas de participación real de los afiliados es de pronóstico reservado, abriéndose muchas dudas sobre los niveles de votación y el involucramiento efectivo de una militancia que se ha ido convirtiendo en bases clientelares.

 

 

 

El ritmo, contenidos, interés y efectos de dicha elección son muy desiguales en el país, siendo de características de un tipo para el DF o estados con gobiernos del PRD y de otro en el resto de México. Es muy distinto para un afiliado del DF, Tabasco, Michoacán, etc., que para alguien de Veracruz, por ejemplo, lo que representa el proceso electivo en las filas del PRD. Se observa un proceso inercial, rutinario, tradicional, poco emotivo y sin rumbo claro. Los altibajos son notorios.

 

 

 

Las encuestas empiezan a mostrar el desgaste del PRD en todo el país, un poco por su descomposición interna pero sobre todo por su línea política. Su firma del pacto por México y alineamiento sustancial con los intereses del PRI y de Peña Nieto, le están haciendo mucho daño en términos de confianza y credibilidad. Son notables sus riesgos y desafíos dramáticos en su principal plaza que es el DF.

 

 

 

Sin un giro radical en la conducción del PRD, con una oxigenación interna y una línea nítidamente de oposición y de izquierda, sin una clara vinculación con los intereses populares, ser y parecer, el futuro de este partido es absolutamente incierta. Lo más sensato hubiera sido colocar al frente a una figura como Marcelo Ebrard, inteligente y con buena imagen; sin ese paso estratégico se impondría una lógica unitaria representada por el Ing. Cuauhtémoc Cárdenas, quien traería una ola de decencia y suma.

 

 

 

En el país habrá resultados diversos, ya se verá, pero donde tengo interés especial es en Veracruz, un lugar donde la degradación del PRD lo coloca en una situación límite entre algo mínimamente viable o la extinción. Lo que paso en Veracruz con el PRD  es una vergüenza gracias a los intereses económicos y políticos de algunos grupos nacionales, quienes lo volvieron franquicia y lo vendieron al Gobierno estatal. La elección en curso es entre algunas expresiones auténticas, pocas pero sólidas, y el bloque oficialista; es decir, entre los perredistas amarillos y los rojos. Si el grupo simulador que controla la representación del PRD en Veracruz, se mantiene como mayoritario, es muy poco lo que se puede hacer en sentido independiente y de lucha.

 

 

 

De mantenerse el PRD  Veracruzano en su estado actual, corrompido y al servicio del gobierno, su futuro es prácticamente inviable; sería imposible permanecer en sus filas sin acabar manchado y ahogado en la simulación. Lo que se puede hacer por el momento es alentar la participación en ese proceso con una actitud realista, apostándole a lo auténtico e intentando rescatar un espacio de acción política que esté al servicio de la gente y la promoción de causas y valores democráticos.

 

 

 

No escapa a mi entendimiento que estamos ante un cuadro difícil, donde imperan la ignorancia y los intereses particulares. En el proceso de captura oficial del PRD vino su desmantelamiento y su recomposición con bases exclusivamente clientelares y liderazgos mercenarios o superficiales, desplazando militancias y liderazgos reales. Para que funcione como franquicia debe renunciar a tener vida orgánica, independencia, elaboración teórica y estar al servicio del gobierno. Esa es la disyuntiva: franquicia roja o partido amarillo y del sol azteca.

 

 

 

Recadito: los invito a leer » una mirada sobre Xalapa».

 

 

 

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