Especial

Que no se pierdan nuestras tradiciones

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Norma Carretero Rojano

 

Cada año en el mes de noviembre, los días primero y dos se rinde culto a nuestros muertos, es decir, se preparan ofrendas de gran colorido en los hogares tradicionalistas, suelen ponerse flores de cempasúchil y terciopelo guinda, las más emblemáticas en estas fechas tan importantes en las tradiciones de los mexicanos, diversidad de platillos: mole, arroz, tamales de frijolitos y dulces de jamoncillo, de calabaza, de guayaba, canastas de todos tamaños, con fruta, cañas, tejocotes, mandarinas, veladoras y vasos con agua “para las animas benditas”, por supuesto, la comida preferida del difunto, cigarros, si éste era fumador, tequila o alguno otro tipo de alcohol obedeciendo a la misma circunstancia, ah!, incluso retratos.

Cada lugar y estado tiene sus propias costumbres y diferencias para pasar estas fechas; recientemente, por cuestiones de trabajo, estuve en la ciudad de Tehuacán, Puebla, ¡ya se me había olvidado que tan bonito es y que bellos momentos pasé en familia cuando niña al lado de mi papá, mi hermana, mi querido tío Hugo y mis primos!, me invadió la nostalgia y el recuerdo muy gratamente, pero en otra ocasión daré detalles de la estancia en esta ciudad en aquellos años donde todo era amor y felicidad al lado de mi papá.

El parque de la ciudad de Tehuacán está engalanado en estos días, se ve a los chiquitillos, a media tarde, organizando juegos, brincando y saltando henchidos de alegría, de ilusión por las fechas; disfraces que van y vienen pidiendo su “calaverita”. Las fuentes adornadas con flor de muertos y veladoras que, encendidas en la noche, dan el toque de sincretismo.

La muerte es un personaje omnipresente en el arte mexicano con una riquísima variedad representativa: desde diosa, protagonista de cuentos y leyendas, personaje crítico de la sociedad, hasta invitada sonriente a nuestra mesa.

En México, las culturas indígenas concebían a la muerte como una unidad dialéctica: el binomio vida-muerte, lo que hacía que la muerte conviviera en todas las manifestaciones de su cultura. Que su símbolo o glifo apareciera por doquier, que se le invocara en todo momento y que se representara en una sola figura, es lo que ha hecho que su celebración siga viva en el tiempo.

Es así, una ardua tarea entender la muerte y su significado, labor que abarca momentos de innumerables reflexiones, rituales y ceremonias de diversa índole, lo que ha erigido el máximo símbolo plástico de la representación de esta festividad: el altar de muertos. Dicha representación es quizá la tradición más importante de la cultura popular mexicana y una de las más conocidas internacionalmente; incluso es considerada y protegida por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.

Pues bien, las tradiciones de los alrededores de Tehuacán (San Sebastián Zinacatepec, Ajalpan y Calipam) se basan, primero en el tipo de comida que se pone en las ofrendas para los muertos, platillos preparados de manera rustica en metates, como el mole negro, barbacoa de hoyo, chileatole, tamales de frijol, colecho (caldo de res a base de coles), entre otros. Algo curioso lo es el hecho de que desde el día primero de noviembre al filo del mediodía encienden un gran tronco de madera en los patios de las casas, pues éste debe permanecer encendido hasta el día siguiente; durante todo el día y noche se le está atizando para que no se apague y sobre este, se pone a asar pan de burro para la cena, acompañado con chocolate de agua servido en jícaras. Alimento del día que se comparte en familia, mientras las mujeres aún siguen cocinando gran cantidad de estos platillos, pues el día tres de noviembre, se tiene la costumbre de visitar a los compadres y llevarles la comida de la ofrenda, así como regalos a los ahijados; a su vez, los compadres visitados, se preparan para recibirlos y también corresponder de igual manera.

            Puedo concluir que son días llenos de júbilo en honor y recuerdo a nuestros queridos muertos…

 

“El que por tragón se petatea,

hasta el pan de muerto de lleva”.

Anónimo.

E mail: normacarreterorojano@hotmail.com

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