DÍA DEL MAESTRO
Comparte

                                                                                                                René Sánchez García

Fue el día 3 de diciembre del año de 1917, mediante un Decreto Oficial expedido por don Venustiano Carranza, que se instituyó la celebración nacional del Día del Maestro en México. Dicho ordenamiento oficial mencionaba: “Se suspenderán actividades el 15 de Mayo en todas las escuelas y se organizarán, ese mismo día, actividades culturales que pongan de relieve la importancia y nobleza del papel social del maestro”. En plena lucha armada campesina dentro del período de la Revolución Mexicana, alguien reconoció el trabajo de las y los profesores que realizan en las aulas.

La verdad, México se encontraba en un total caos social de dolorosas consecuencias para la clase social más baja. La historia de la educación nacional admite, que fue hasta el año de 1921, con José Vasconcelos al frente de lo que hoy se conoce como Secretaría de Educación Pública, que se inició una campaña nacional para abatir el analfabetismo que llegaba a un 70 por ciento, mediante la creación de las famosas Misiones Culturales. Cientos de personas fueron escasamente capacitadas para llegar a todos los rincones del país a alfabetizar en las zonas rurales e indígenas, así como en los Cantones principales.

Como era de esperarse, esa labor titánica y de entrega verdadera de las y los profesores iniciantes, fue mal vista, rechazada y perseguida por los terratenientes del porfiriato, los dueños de las nuevas haciendas, pero principalmente por el clero religioso. Esos profesores iniciantes laboraban no sólo en condiciones precarias e insalubres (por la falta de aulas, materiales educativos y apoyos de la comunidad) sino también en constante riesgo y peligro personal. No contaban con plazas laborales, ni prestaciones de ningún tipo y su salario mensual se reducía a una raquítica gratificación que otorgaban los municipios.

Aquí podemos notar el verdadero compromiso docente con ese México en ruinas; la pasión por enseñar y educar a los niños y niñas para ese futuro que prometía la Revolución; de acabar para siempre con ese analfabetismo que permitía pobreza, enajenación y dependencia de todo tipo; de construir un nuevo país donde cupieran los distintos sueños. Es cierto, no había profesores con licenciaturas, maestrías y doctorados como hoy en día, solapados por autoridades y sindicatos. Sólo existía algo en esos profesores y profesoras faltos de cultura pedagógica: el amor y la entrega sin condiciones a la enseñanza de las primeras letras, y trabajar por la restauración de la libertad y el nacionalismo perdido a causa de una dictadura de casi 33 años.

Hoy en día ya nada de eso existe. El capitalismo se incrustó e hizo cambiar mentalidades. El Estado mexicano se alió con el sindicalismo, creando sólo beneficios para algunos. La docencia dejó de ser una profesión de vida para convertirse en un trabajo como otro cualquiera. La modernidad digital llegó con fuerza que se salió de control de la escuela y la familia. Los derechos humanos llegaron, aunque hoy en día ni se entienden ni se aplican correctamente. Algo grave está pasando hoy en día en la sociedad, la escuela y la familia, al Maestro y a la Maestra se le culpa de todo lo que sucede en la sociedad; pero lo más doloroso, que ya no se le respeta ni se le escucha. Pese a todo lo anterior, envío mis felicitaciones sinceras a todos esos mis compañeros docentes que continúan aún con la loable labor de enseñar, trasmitir y construir conocimientos en medio de estas crisis, sobretodo la de valores.

sagare32@outlook.com