TIEMPOS INEXISTENTES FUGACES

René Sánchez García
De que existen dentro de la literatura narrativa los libros raros, claro que sí. Eso me sucedió esta semana al abrir las páginas de Conjunto vacío, de Verónica Gerber Bicecci (México, 2021. Ed. De Nuevo Almadía, 232 p.), obra por cierto ganadora del Premio Internacional de Literatura Aura Estrada 2013 del FONCA. Más que una persona consagrada a la escritura, es una artista profesional visual que le encantan las historias de vida, pero que igual hace poesía y alguno que otro cuento, actividades que alterna con la docencia en varias universidades y la fotografía como distracción.
El libro Conjunto vacío es un todo no tan vacío como ella lo menciona, están allí insertos o incluidos un mar de historias, como lo diría Cristina Pacheco en sus buenos tiempos. Pero las de Gerber Bicecci son historias truncas, según ella. Las narraciones son un tanto familiares donde se mencionan sucesos que duelen hasta el alma. Los protagonistas son ella, su hermano, el padre, la madre ausente, un tal Tordo y uno que otro amigo esporádico. Estas historias tienen inicios, pero muchas de ellas no tienen final. Los episodios narrados (confusos, diría yo) me hacen pensar que se trata solo de sueños, quizá irreales que esconden duras verdades reales de sus vidas.
Resulta difícil en algunos casos leer Conjunto vacío, pues para acercarse a su comprensión se requiere de un manejo lógico de las cosas y sucesos, así como comprender con exactitud qué es el tiempo, el infinito, el espacio, el vacío, entre otros más conceptos. Como ella atinadamente lo dice: “se trata de un ejercicio autorreferencial que partió de una premisa sencilla: a finales de octubre de 2004 tuve que dejar inesperadamente la que había sido mi casa”. Todo ello Gerber lo explica a base de dibujos de figuras geométricas y mapas que incluye dentro del texto, a la manera de indicadores mentales.
Finalmente, la autora menciona que se trata de una narrativa de escribir a la inversa. En otras palabras, de “experimentar con la auto ficción, donde al hacerlo se descubre que el único camino posible es desenterrar las preguntas. Las respuestas a menudo son construcciones individuales, y las preguntas me parece pueden llegar a configurarse como espacios en común; que no son otra cosa que estados de irresolución permanente, pero compartida”.
En Conjunto vacío, los personajes y situaciones narradas no son imaginarias, sino autobiográficas “al mil por ciento”. En lo personal o para mí, es como desear hablar de tiempos inexistentes fugaces, material inédito que investigaré para mi próximo escrito semanal, dedicado a todos ustedes mis lectores.