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Agencia Reforma

Monterrey, NL 2 mayo 2026.- Una gran tarde de toros se vivió la noche de viernes en la Monumental Monterrey, donde Diego San Román se alzó como el máximo triunfador tras cortar tres orejas y compartió la salida a hombros con Octavio García “El Payo”, quien desorejó en dos apéndices; ambos matadores son oriundos de Querétaro.

 El primer espada, Daniel Luque, quien sustituyó a Roca Rey, se fue de vacío tras malograr una gran faena a su segundo enemigo por sus fallas con la espada, por lo que escuchó un aviso.

 La ganadería de Jaral de Peñas, de Juan Pedro Barroso, envió un buen encierro; destacaron los cuatro últimos, que fueron premiados por el público con palmas en el arrastre. La plaza registró casi media entrada en una tarde fresca y con ráfagas de viento que molestaron a la terna.

 Fiel a su estilo, San Román realizó dos faenas vibrantes que mantuvieron al público expectante, toda vez que su primero embestía descompuesto, pero tuvo paciencia y lo fue metiendo en vereda, echándole la muleta al hocico para arrancarle los muletazos. Mató al segundo viaje y se le concedió la oreja.

 Ante el sexto se jugó el físico en otra faena de impacto a la galería que prendió la emoción tras ejecutar una primera serie de derechazos de hinojos en los medios. El astado tuvo calidad y Diego aprovechó para citar con molinetes de rodillas el inicio de las series. Mató de gran estoconazo y se le concedieron las dos orejas.

 “El Payo” cambió las lanzas por cañas, después de que en su primero el público no le perdonó la breve faena a su enemigo que no le dio prestaciones, además de ponerse pesado con el acero y escuchar un aviso.

 El queretano se superó en el quinto, al que le cuajó una gran faena con sentimiento, por ambos lados, adornada con desplantes. Mató al segundo viaje y, tras la petición, se le concedieron las dos orejas, que luego pitó un sector del público. Dio vuelta al ruedo con el ganadero en son de triunfo.

 Tuvieron que pasar 19 años para que Luque se presentara en esta plaza como matador y dejó muestra de su temple y calidad con la que logra sus faenas.

 El viento molestó mucho al ibérico, pero al final de la primera afloró el sentimiento del sevillano. Al cuarto del festejo le instrumentó la faena de la tarde, pausada, con ritmo, sin prisas, aprovechando la embestida del astado que humillaba en el recorrido. Mató al tercer viaje y escuchó un aviso.