Especial

¡Abriendo pista!

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Norma Carretero Rojano

 

 

Creo que la última vez que vi bailar a mi mamá con tanto entusiasmo lo fue en la boda de mi hermanita Eichabe hace veinticinco años. Lo sé bien porque yo estaba esperando a mi hijo Leo; me faltaban cuatro meses para dar a luz.

 

Seguramente Usted, querido lector, no lo sepa, pero de la familia de mi papá fueron veintitrés hermanos Carretero González de la Llave de los cuales vivieron once más tres “agregados culturales” (niños españoles traídos a México por el presidente Cárdenas), todos ellos al cuidado de mi abuelita Chabelita. ¡Una gran familia y en todos los sentidos!.

De esos once hermanos, entre hombres y mujeres –tíos, tías y 58 primos hermanos con los que tuve la gran fortuna de formarme y crecer como mujer, profesionista y ser humano-, vive uno solo de mis tíos: Héctor (para mí el “Chirris”, pues mi papá nos enseñó a ser muy igualadas), a quien le tocó ser el menor. En el año mil novecientos setenta y ocho murió el primero de todos ellos: mi papá, poniendo el desorden y el mal ejemplo. Claro que esto lo comento con todo mi amor, respeto  y el mejor de mis recuerdos, haciendo un poquito de chunga para aligerar la tristeza que aun causa su ausencia.

 

Pues bien, el sábado pasado festejamos en la ciudad de Puebla  los ochenta años de mi tío Héctor Carretero González de la Llave, en una ceremonia muy emotiva, iniciando con una misa en Chipilo, estado de Puebla para después trasladarnos al Hotel Luna Canela (propiedad de uno de mis primos), en Atlixco, Puebla. Hubo variedad de platillos entre chicharrones en salsa roja, salsa verde, rajas con crema y pollo, ropa vieja, papás con chorizo, mole poblano, frijolitos refritos, arroz, tortillas hechas a mano en el momento, etcétera, vinos de mesa, cocktailería de whisky en todas sus modalidades, tequilas y digestivos. Cualquier variedad de pasteles y café. La reunión fue muy familiar aunque éramos alrededor de ciento veinte personas; se le preparó al festejado una semblanza donde aparece él en sus primeros meses de vida hasta nuestros días, claro, semblanza acompañada de poemas cuya autoría le pertenece, en la voz de otro de mis primos. ¡Los aplausos, la emoción, los recuerdos a lo largo de su vida  al lado de sus progenitores y hermanos –ya en el cielo- desbordaban!, para luego abrir pista…

 

El bailongo comenzó y  la coatepecana Elena Rojano viuda de Carretero sorprendió a la concurrencia bailando sin parar, sí, acaparó la atención de todos sus sobrinos: Chávez Carretero, Parra Carretero, Fernández Carretero, Casas Carretero, Carretero Madrid, y por supuesto del festejado. Sus sobrinas, -mis primas hermanas- la saludaban con gran gusto y cariño, diciéndole: ¡estás igualita!, ¡¿Qué cremas usas?!, sonrojando sus mejillas y enalteciendo su ego natural femenino y de gran dama.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La unión familiar y el cariño que desde niños profesamos en nuestra bella familia, inculcado por los que ya no están entre nosotros, hicieron de este día momentos inolvidables que recordaremos siempre al interior de nuestra singular familia.

 

La familia son aquellas personas que nos son impuestas en la vida, pero que no dudaríamos en volver a elegirla”.

 

E mail: normacarreterorojano@hotmail.com

 

 

 

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