La Otra Versión

         ¡Ahí está el detalle, chato!

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                                                 “Parece que se ido, pero no es cierto”.

                                                                             Epitafio en su mausoleoa 

 

                                                                                                  Por: René Sánchez García

 

El pasado viernes 20 de abril se cumplieron los primeros veinticinco años del deceso del gran actor y cómico mexicano Mario Fortino Alfonso Moreno Reyes, más conocido como “Cantinflas”. Nació el 12 de agosto del año de 1911 en la ciudad de México. El  llamado “Charles Chaplin de México”, vivió gran parte de su infancia en el tradicional barrio de Tepito, de allí su caracterización inicial del típico peladito, que terminó siendo todo un símbolo de nuestra identidad nacional, tal y como lo fue después Pedro Infante en su característica del verdadero “macho” mexicano. Este comediante, en su larga trayectoria cinematográfica, abarcó tanto el inicio del cine mexicano, como su época de oro y la moderna. Desde niño mostró su inacabable inquietud, de monaguillo pasó a zapatero, de peluquero a cartero, de boxeador a las carpas del circo, de allí al teatro de comedia y finalmente al cine, incluso llegó a Hollywood. Claro, sin olvidar sus aficiones personales de torero, empresario y benefactor.

 

Hay varias versiones en torno al término “Cantinflas”, siendo la más acertada la mencionada por el escritor Carlos Monsivais, quien asegura que proviene de “Cuánto inflas” o “en la cantina inflas”. Pero casi todo el mundo coincide en señalar que este apodo tiene que ver con la forma de hablar del actor (lenguaje que nadie entendía, pero que si divertía). A esta forma de hablar se le llamó “Cantinfleada” y la Real Academia de la Lengua Española lo incluyó ya oficialmente como verbo “Cantinflear”, esto es, hablar con incoherencias o sin sentido las palabras que componen una frase. Así, Cantinflas utilizó la broma, los juegos de palabras y las palabras en doble sentido para atacar siempre a los políticos y servidores públicos de la época, o bien criticar las injusticias que estos cometían contra la gente común. Este estilo siempre crítico de hacer cine le hizo ganar público que llenó siempre las salas cinematográficas; así como serios problemas con muchos personajes de la política nacional que se sintieron aludidos; sin faltar la de los críticos académicos que lo aborrecieron por su estilo de hablar, mismo que deformaba nuestra lengua. Lo cierto es que tal y como lo menciona Monsivaís: “El habla para no decir, los demás lo escuchan para no entender”.

 

En los Estados Unidos trabajó a lado del actor David Niven en “La vuelta al mundo en 80 días”; con Frank Sinatra y Judy Garland en “Pepe”; haciéndose acreedor al Globo de Oro por estas estupendas actuaciones. Sus compañías cinematográficas fueron Posa Films, Columbia Pictures y Cantinflas Films, en los años de 1930 a 1981. Asimismo, a partir del año de 1970 apareció una serie de dibujos animados titulado “El Show de Cantinflas”, dirigido a niños y niñas y con propósitos educativos. Sus películas, actuaciones, forma de hablar y temas abordados en los films, han sido motivo de análisis de parte de estudiosos de la comunicación masiva, filósofos, antropólogos, lingüistas y periodistas del mundo hispanoamericano. En 1934 casó con Valentina Ivanova, viviendo hasta su muerte en 1966. Ellos adoptaron un niño al que llamaron Mario Arturo Moreno Ivanova. Los últimos años de su vida, atacada por una enfermedad terminal, los pasó encerrado en su domicilio y sin recibir visitas.

 

Se necesitaría un espacio mayúsculo para citar todas sus películas, pero he aquí las más conocidas: “No te engañes corazón” (1936), “Águila o sol” (1937), “Ahí está el detalle” (1940), “Ni sangre ni arena” (1941), “Los tres mosqueteros” (1942), “Romeo y Julieta” (1943), “Gran Hotel” (1944), “¡A volar, joven!” (1947), “El Supersabio”  (1948), “Puerta, joven” (1949), “El siete machos” (1950), “Si Yo fuera diputado” (1951), “El señor fotógrafo” (1952), “El bolero de Raquel” (1956), “El analfabeto” (1960), “El extra” (1962), “El padrecito” (1964), “El señor doctor” (1965), “Su Excelencia” (1968), “El profe” (1971), “Don Quijote cabalga de nuevo” (1972 en España), “Conserje en condominio” (1973), “El Ministro y yo” (1975), “El patrullero 777” (1977), y “El barrendero” (1981), que fue la última filmada en México. Ya bastante enfermo pretendió rodar en 1990 la cinta “Welcome María”, a lado de la actriz María Victoria. En total fueron 42 películas y 6 cortometrajes lo realizado a lo largo de su larga y fructífera  existencia.

 

Quienes han estudiado de cerca su trayectoria aseguran, que en el año de 1964 el actor deja de llamarse Cantinflas y el tradicional “peladito” tiene ya nombre propio en cada film posterior: “Chava”, “Lopitos”, “Justo Leal”, “Margarito”, “Ursulo”, etc. A partir de ese momento se convierte en un verdadero hombre de mundo: amigo de los presidentes mexicanos, compañero de infinidad de artistas, pintores y toreros, viajero incansable a Estados Unidos y España, un enamorado irresistible y discreto de las mujeres más hermosas, filósofo de inagotable ingenio, apasionado y empresario de la fiesta brava y benefactor de sus compañeros actores, pero sobretodo, amigo de los niños.

 

Jeffrey M. Pilcher, estudioso de la cultura mexicana expresó alguna vez: “Su lenguaje enredoso expresaba elocuentemente las contradicciones de la modernidad como el momento palpitante de todo lo que quiere ser y no puede. De igual forma, las jerarquías sociales, todos cayeron ante su humor caótico para ser reformuladas en nuevas formas revolucionarias”. Que mejor homenaje podemos rendir a este mimo inconfundible, mítico y legendario,  que volver a ver o admirar, pero con otros ojos, su inmenso legado cinematográfico, en especial ese mensaje humano y lleno de valores plasmado en cada film. Pese a las críticas, Cantinflas nunca olvidó su origen humilde y trató siempre de trasmitir felicidad a sus semejantes.

 

 

 sagare32@outlook.com

 

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