APLAUSO ETERNO PARA JESÚS JIMAREZ


Nos enteramos que Jesús Jimarez, por recomendación médica, baja finalmente el telón de los escenarios. Y aunque sabemos que es un descanso más que merecido, a quienes lo hemos seguido desde hace tanto tiempo nos invade un inevitable sentimiento de nostalgia.

Cómo no recordar a aquel Jesús de nuestra juventud, siempre inquieto, siempre con la música en la cabeza. Imposible olvidar los días de Savage Beats en el café de la Güera o en el auditorio del IMSS. Con Juan Méndez, Max Ortiz y los hermanos Piña, no solo estábamos viendo a una banda de rock, estábamos viviendo nuestra época más vibrante, la que nos hacía mover el esqueleto y nos llenaba de una energía que, de alguna manera, aún nos acompaña.

Pero el camino de Jesús no se quedó solo en el rock. Ha sido un privilegio verlo crecer y consolidarse como el maestro que hoy todos admiramos. Sus 40 años en el Coro de la Universidad Veracruzana no fueron solo trabajo, fueron una entrega constante. Lo vimos brillar dirigiendo el Taller de Ópera de Xalapa y la Orquesta de Música Popular, paseando nuestro orgullo veracruzano por todo el país y por escenarios tan imponentes como el Festival Cervantino.


Sin embargo, lo que guardaremos con más cariño es su labor cercana. Ese maestro que se dedicó a fundar y guiar coros en Córdoba, Orizaba, Xalapa y, por supuesto, en nuestro amado Coatepec.

Jimarez, te deseamos de todo corazón que este retiro sea un tiempo de paz y bienestar. Gracias por haber sido la banda sonora de tantos momentos de nuestras vidas y por tu generosidad incansable. Que te sigas conservando así, con esa misma chispa que siempre te ha definido.
¡Hasta siempre, maestro!